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Si se tratara de bucear en el espacio científico que han ocupado los estudios sobre la vida y la obra de Elena Andrés, de inmediato se desvelaría cómo la trayectoria vital así como la producción literaria de esta poeta madrileña nacida en el verano de 1929 apenas si ha gozado de algún interés para la crítica, habiendo pasado, por tanto, a ser uno más de esos sedimentados olvidos autoriales depositados en las desiertas arenas marginales de la historiografía literaria.

Poco tiempo después de obtener el título de Filología Románica por la Universidad Central en 1955 y de pasar una breve temporada en Málaga, contrajo matrimonio en 1958 con el compositor y ensayista musical Ramón Barce, quien había sido compañero de estudios en la universidad madrileña, en 1959. Dedicada profesionalmente a la enseñanza de la lengua y la literatura, Elena Andrés, tras haber dado muestras de su quehacer literario con la publicación de algunos poemas en revistas de su época, editó su primer libro que rotuló con el significativo título de El buscador. La cabecera del poemario anticipa ya algunos de los rasgos más personales y distintivos de la poesía de Elena Andrés próximos a los esquemas estéticos y fundamentos doctrinales de su tiempo como son la concepción de la poesía como medio de conocimiento y la búsqueda por medio del lenguaje literario de la identidad y de la autenticidad personal con la finalidad postrera de que aquellas inquietudes y tensiones emotivas o emocionales vitales que desazonaban a la poeta pudieran encontrar vías de expresión personales y de calado en los demás a través de la creación poética, entendida por ella como un lenguaje superior, taraceado por el pensamiento, la técnica y los recursos estructurales y efectivos como procedimientos capaces de atravesar las barreras de la comunicación y llegar al lector, quien, según ella, da sentido a las obras una vez que las lee, aportando su propia visión subjetiva a la porción que interprete de la intención original.

Su poesía se revela como un espacio indagatorio y meditativo de ascendencia simbolista donde el sujeto poético, desde la subjetividad personal del yo, trata de trascender la realidad para sumergirse en las ignotas regiones del misterio y de lo telúrico. En sus versos se aúnan la introversión y el compromiso, el carácter inefable y espiritual de la poesía con su proceso de búsqueda y de guía de la conciencia hasta ir dando forma lírica los aspectos más recónditos sobre los que fija la atención de su estética.

La expresión de la intimidad así como la reelaboración de la realidad y de la cotidianidad en un proceso de depuración de la materialidad de las palabras a través del subjetivismo del lenguaje poético y a través de cierto simbolismo y de elaboradas imágenes oníricas vuelve a manifestarse en su segundo poemario Eterna Vela (1961). En sus poemas se entrelaza la búsqueda del ser con un deseo constante de indagación, de penetración en un mundo envuelto en la vaguedad de sombras confusas, mitad recuerdo, mitad esperanza y sueño en ambos casos por lo que muchas de sus creaciones líricas se tejen envueltas en los contornos de la ensoñación, en los intangibles velos del inconsciente y en ecos de matices surrealistas por su capacidad de poder iluminar la nebulosa vaguedad de las imprecisiones y sombras avistadas en la realidad vivida y experimentadas en la vigilia.

Este poemario puede ser entendido como un libro-espejo, un texto lírico cuya entidad, temas y esencias se revelan en función del ánimo del lector en tanto en cuanto en sus versos reflejarán especularmente los rostros con el que nos asomemos a él o proyectarán imágenes que se desprendan desde la posición, la mirada o el diálogo que entable el receptor con el texto. Es pues un poemario donde la impresión del lector juega un papel esencial. En función de la mirada y de la lectura realizada emergerán diferentes interpretaciones emanadas de la particular relación que el receptor extraiga de la lectura de los poemas según la propia condición y circunstancias de quien se acerque a ellos.

En medio de la zozobra grisácea en la que divagan los versos de Elena Andrés producto de su afán de búsqueda y de las encrucijadas en las que se siente precipitada, surge su tercer poemario titulado Dos Caminos, merecedor del Accésit del premio Adonáis en 1964. En el libro se encauzan dos caminos, dos cauces, dos direcciones que no vienen a ser sino la representación dialéctica de la búsqueda entre el ascenso o mirada sublimadora o la inmersión en las zonas oscuras, entre la vida y la muerte, entre la realidad y el ensueño, entre lógica figurativa e inconsciencia fantaseadora tal y como se puede descubrir en versos de este poemario como los siguientes: […] ¿quién no ha visto la mueca/ de las aguas ocultas?/ Pero ¿quién no ha sentido/ la espiga recta y fértil/ que atraviesa la sangre?/ Y aquella voz que ordena/ el fecundar semillas/ de luz en nuestros hombros/ y el entregar las manos./ Hacia el sol entregarnos/ ya ciegos y benditos./ Pero a veces un sueño/ milenario, antiquísimo,/ se desploma en la frente./ Con paso de sonámbula/ llego a las aguas lentas de un pantano,/ masa impúdica, cuajo de raíces,/ y una risa satánica, espumosa,/ que halaga no sé qué de nuestra sangre”.

Siguiendo con la construcción de su itinerario poético en interacción con la búsqueda de su propia identidad y realización personal en pos del equilibrio espiritual, de la apertura hacia la vida y el conocimiento y del hallazgo de respuestas derivadas de las introspecciones consumadas en zonas oscuras del ser y de la materialidad, en 1971 publica Desde aquí mis señales, un poemario con el que la autora da muestras de afirmación ante la vida y de apertura hacia el exterior aunque, en ese proceso de iluminación, la poeta se tope con la realidad y con los límites de la racionalidad y del orden simbólico imperante por lo que, ante la imposibilidad de la unidad, queda balbuciendo la disgregación del yo frente a lo exterior y lo intangible.

Trance de la vigilia colmada (1980) vuelve a incidir en dialécticas propias del universo simbólico de la poeta madrileña como los de la vigilia/sueño, vida/muerte, unidad/otredad, conciencia/inconsciencia, ser/no ser, etc., movimientos ondulantes que se debaten entre la esencialidad del ser y su angustia existencial frente lo existente, la universalización cósmica o lo suprasensible.

            Antes de sacar a la luz su último poemario, Paisajes conjurados (1998), la colección Torremozas, en 1992, con el título Talismán de identidad, editó un pequeño volumen con carácter antológico que recogía un conjunto de poemas representativos de cada uno de sus poemarios publicados.

            Al final de su trayectoria poética, Elena Andrés descubre y revela a través de su praxis poética algunos de los enigmas de las acrisoladas esencias metafísicas, ontológicas y espirituales que atraviesan su producción lírica. Los paisajes conjurados de su creación lirica no son sino el propio yo de la poeta integrado en un éxtasis activo concretado en una serie de poemas confesionales que configuran la primera parte del libro y en simbiosis con lo telúrico y lo cósmico en la segunda donde el ser palpita de amor por el Todo


Información adicional

  • Universidad Córdoba
  • Investigador Blas Sánchez Dueñas
  • Publicación Miércoles, 02 Mayo 2018

Desde su irrupción en el panorama literario nacional con el poemario Cóncava mujer (1978), Juana Castro se ha convertido en una de las poetas españolas más significativas y consideradas de las surgidas en el contexto histórico y cultural desplegado desde los años de la transición hasta nuestros días.

            Escritora comprometida, feminista, profesora, educadora, columnista, conferenciante, académica, crítica literaria y, por encima de todo, poeta, Juana Castro es autora de una heterogénea producción literaria que contempla ensayo, traducción y periodismo, piezas de crítica e investigación y relatos cortos aunque es su obra poética la que ha merecido el más amplio reconocimiento crítico y lector.

            Sus vínculos iniciales con el espacio de las letras surgieron en el contexto sentimental de su infancia donde leía con avidez todo lo que llegaba a sus manos aunque fue durante su etapa de formación universitaria en magisterio cuando comenzó a despertarse el estímulo creativo avivado más tarde por sus contactos con el grupo de poetas cordobeses «Zubia» entre 1977 y 1982; a su lado, los poetas y pintores del grupo «Cántico» y las reuniones y tertulias culturales del cordobés «Círculo Juan XXIII» contribuyeron a sacudir definitivamente una vocación creadora algo tardía y a ir desplegando las teselas de su conciencia artística, crítica y literaria.

            Nacida en Villanueva de Córdoba (1945) en el corazón de Los Pedroches, el paisanaje de su infancia, las costumbres y ritos del mundo agrario así como las tradiciones y formas de vida rurales vivificaron pronto una particular personalidad crítica a la vez que ahormaron una específica percepción histórico-social con respecto a las injusticias sociales, a las desigualdades del campesinado y a la sombría condición de la mujer en este entorno que, con el tiempo, pasarían a ser glosados líricamente como ejes vertebrales de su práctica literaria.

            Juana Castro es y se define como poeta autónoma e independiente de modas poéticas, tendencias estéticas o agrupaciones doctrinales. Su visión abarcadora está abierta a la colaboración hacia todo aquello que incite su interés si bien su espíritu literario ha modulado un particular modo de contemplar la realidad mediante una nueva codificación expresiva elaborada desde una óptica femenina y feminista solo sujeta a los límites de su percepción de mujer atenta a su tiempo y crítica con la sociedad y la historia. Siguiendo su filosofía la forma más eficaz de concienciar sobre una realidad es mostrarla abiertamente en todos sus extremos a través del arte de la escritura. Desde su personal concepción lírica, aspira a subvertir la tradición y lo heredado de las estructuras patriarcales para nominar aquellas otras materialidades silenciadas con la intención de pasar de un sujeto poético femenino histórico, sexuado y biografiado, a visibilizar un nuevo ser representado en su otredad, a cuestionar, desde la feminidad, visiones, mitos y roles impuestos y a articular una voz propia tan crítica como personal con la que hablar del cuerpo propio y del extraño, de la naturaleza como matriz primigenia y de la identidad, dolorosa o lúcida, en diálogo con un tú masculino o femenino considerado como sujeto u objeto de deseo, de dolor y/o de placer.

            Se inició en el arte de la escritura con objeto de corporeizar por el lenguaje las sensaciones y angustias que la obsesionaban al percatarse de la presencia de un íntimo conflicto anímico entre el mundo, su ser, la escritura y su incardinación en él. La poesía, además de irrumpir como catarsis y tabla de salvación, contribuyó a apreciar la realidad desde otras ópticas, a conocerse a sí misma y el mundo que la rodeaba. La escritura le permitió encontrar las vías adecuadas para interpretar su propia identidad y comunicar la realidad material y personal que la preocupaban mediante la racionalización del mundo por la palabra con la intención última de confeccionar una cosmogonía poética privada con aspiraciones públicas construida a la medida de su deseo de enunciación.

            Cada libro de la poeta cordobesa, gestado en un periodo temporal diferente, reúne vivencias y realidades particulares estrechamente vinculadas con su cosmografía histórica personal. Cada obra, construida desde una voz amoldada al cauce lírico adecuado con el que ahormar la materia tratada, responde a una voluntad creadora precisa en su estructura formal y profunda en su cauce discursivo. No obstante y a pesar de su extensa riqueza expresiva y aparente diversidad referencial, en el conjunto de su obra confluyen motivos y articulaciones manifiestas que dotan de unidad y coherencia al conjunto de su corpus textual. Atravesados por temáticas literarias de siempre, imbricadas simbióticamente unas en otras y (re)modeladas diacrónicamente, el amor, la vida, el sueño, la muerte, el dolor, el discurrir temporal, la memoria y el recuerdo de la infancia, etc., sus poemas se enhebran con un fondo de ironía cuando no de sarcasmo, una sustantiva base de contenido autobiográfico, una deliberada intención de deconstruir el lenguaje y la arquitectura sintáctica aunque sin excesos estridentes vanguardistas y una energía creadora muy elaborada que proyecta nuevas formas de enunciación, renovados imaginarios y originales espacios simbólicos en pos de una tradición propia femenina y una voz transgresora y revisionista que, a la vez que acusa y condena, rellena huecos y vacíos históricos desde una óptica de mujer.

A su lado, sus textos, reveladores de un viaje trazado desde la construcción de una subjetividad femenina que va madurando y reflexionando en su devenir temporal, se entretejen sobre una amplia panoplia de intertextualidades y referentes culturales, unas urdimbres líricas cargadas de analogías, recursos retóricos y metáforas originales, utilería esteticista herencia del grupo Cantico y un lenguaje, ya denotativo ya figurado, ya sencillo ya barroquizante, aderezado con correlatos complejos, variedad tonal y argumental y estructuras lingüísticas alambicadas.

            Juana Castro inició su andadura literaria con el poemario Cóncava mujer, opera prima distante, no obstante, de ser obra novel tanto por su singular indagación argumental y expresiva como por la madurez de su autora en el momento de su publicación. A través de sus textos se emprende la labor del (re)conocimiento de la mujer en su multiplicidad, la deconstrucción de rituales y estereotipos urdidos por la soberanía androcéntrica y la afirmación del ser femenino a través de la denuncia de las condiciones de vida de las mujeres en espacios simbólicos como el hogar o el mundo rural, percibido todo por medio de un sagaz escrutinio, acusador y crítico, que muestra abiertamente el aislamiento, la explotación y la enajenación de las mujeres de siempre y de las contemporáneas presas de su soledad, cosificación, incomunicación y ataduras patriarcales.

            En su segunda entrega, Del dolor y las alas (1982), la escritura emerge como terapia para recuperar los vacíos y la escisión engendrados por el muerte de su hijo a la vez que brota un lenguaje elegíaco y figurativo para exteriorizar el dolor y los estados internos de una voz poética que se ha enfrentado a la paradoja del nacimiento y muerte de un hijo con los motivos de la maternidad, el sufrimiento, la psicología y la experiencia de la mujer madre como telones de fondo.

            Paranoia en otoño (1985), premio Juan Alcaide del Ayuntamiento de Valdepeñas, brinda una eficaz configuración estilística con formas expresivas próximas al surrealismo no exentas de utilería barroca arquitrabadas con un fondo de delirio en el que las experiencias de la pasión amorosa arrebatadora son exteriorizadas por dicotomías insolubles. El amor, revelado como dolor o delectación, destrucción o plenitud, locura o deslumbramiento, desmesura o idealización, fluye enajenado en medio de una crisis vital en plena madurez otoñal para armar una pieza caleidoscópica y fragmentaria arropada por una sutil imaginería simbólica, estética de raigambre culturalista y analogías efectivas.

A través de un autocomplaciente narcisismo erótico y sensual y un lenguaje barroquizante, en el poema-libro Narcisia (1986), la poeta andaluza engendra líricamente una nueva deidad femenina, una madre natural autosuficiente y poderosa, generatriz de la vida desde el caos, suma de sensualidad y sexualidad, de fertilidad y de poder, apuntalado en una plástica simbología que marida la terminología floral y botánica con su metafórica traslación hacia analogías sexuales por medio de las que se integran cuerpo y tierra, escritura y naturaleza, en un gineceo mítico.

            Con perfil de monólogo amoroso de corte clasicista y alegórico, Arte de Cetrería (1989), IX Premio Hispanoamericano de Poesía, “Juan Ramón Jiménez”, entronca con raíces medievales tanto en su inspiración como en su motivo central: la argamasa de la imbricada tríada amor / vasallaje erótico / poder, desplegado en torno a una extensa alegoría sobre el amor simbolizado en el halcón y sus técnicas encarnadas en el arte de la cetrería; todo ello concebido desde diversos planos argumentales en los que se entrecruzan dependencia, ceguera, dominación, abnegación o servidumbre en el triángulo halcón-presa-cetrero significando, a lo largo de todo el proceso, los efectos paradójicos de cualquier cetrera industria siempre ligada al apresamiento y sujeción amorosos.

Los ocho textos de la plaquette Alta traición (1990), vertebrada sobre el motivo del amor considerado como destrucción en el que la sororidad femenina se rompe por la insolidaria competencia cuando se interpone una presencia masculina, fueron continuados por Fisterra, Premio Bahía de Algeciras en una primera edición titulada Regreso a Géminis. Este volumen, emparentado con Narcisia, vuelve a vertebrase en torno a la todopoderosa madre tierra erigida en principio y fin del peregrinaje vital de cualquier ser humano toda vez que se ha perdido el sentido del vivir y los estímulos anímicos al comprobar la crudeza de la existencia, los vacíos y los vivificantes recuerdos del ayer frente al ausente presente. Fisterra comporta un retorno al campo y a la memoria de la infancia de Los Pedroches, distante de cualquier bucólico locus amoenus, a la que la poeta continúa conectada de manera inmanente a través de redes culturales e históricas y conexiones biológicas y afectivas.

En el poemario-río, Del color de los ríos, accésit del premio Esquío de Poesía, se prolongan las reflexiones sobre el devenir existencial de las oscuras vidas de tres generaciones de mujeres rurales con el fin de revelar el sentido trágico de la condición femenina agraria en toda su crudeza y sombríos reversos con un lenguaje terruñero ligado a la tierra a través del que se exteriorizan realidades ignoradas de la intrahistoria de un linaje matriarcal de generaciones perdidas ahora redimidas y hermanadas por el quehacer lírico de la escritora jarota.

No temerás, Premio Carmen Conde 1994 de Poesía de Mujeres, participa según su autora tanto de lo onírico como de lo existencial en sentido apocalíptico sobre una culturalista base textual y exegética polivalente. En el libro, la figura bíblica de Salomé, con intención revisionista y remitificadora, vertebra una historia de arrebatadora pasión amorosa en línea diacrónica donde, indisolublemente enraizados, subyacen aspectos propios de su corpus material como la represión sexual, las desigualdades humanas y la opresión femenina.

Sus horizontes líricos se amplían con El extranjero (2000), premio San Juan de la Cruz; La jaula de los mil pájaros (2004) donde se poetiza parte de su experiencia como maestra; Los cuerpos oscuros (2005), XXI premio Jaén de Poesía; y La bámbola. Intrusos en la red (2010), finalista del Premio Solienses, colección de poemas de tono irónico, desenfadado y erótico escritos dos décadas antes donde el fetichismo y la sexualidad en una amplia multiplicidad de variantes comparten espacio con piezas de tema tecnológico y posmoderno para fundir sexo y escritura en los umbrales de las baumanianas sociedades líquidas.

Las problemáticas de la inmigración, de las extranjerías y de las marginaciones y sentimientos de no pertenencia aparejadas a conceptos como los de extrañeza, identidad y otredad construyen el armazón de las tres rapsodias que configuran la estructura de una nueva Odisea mítica ejecutada en El extranjero. En este libro se modula un virtuoso ejercicio de indagación sobre la alienación del ser humano en las sociedades actuales con las figuras del inmigrante y de la mujer como símbolos de alteridad y de escisión con lo circundante.

En 2005, escrita durante varios años y concluida tras la muerte de su madre, Juana Castro publicó Los cuerpos oscuros, obra de madurez que despertó sustantivo interés por poetizar el tema de la enfermedad del Alzheimer y las demencias para revelar el profundo dolor de la pérdida y el drama de la cruda experiencia vivida en primera persona al enfrentarse a estas crueles enfermedades. La poeta cordobesa fraguó un universo poético cuidadosamente estructurado en cuatro partes equilibradas donde los agujeros negros de la desmemoria estremecen por su cargas de dolor y tortura, de recuerdo y presente, de amor y resentimientos, de pérdida y confusión ante la realidad con el peso añadido del sufrimiento de quien es testigo de la claudicación del no ser y del abismo del desconocimiento desde la doliente sensibilidad del amor filial y del afligido recuerdo de lo que se fue.

En su último libro publicado hasta la fecha, Antes que el tiempo fuera (2018), XXV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba Ricardo Molina y Premio Solienses, Juana Castro concita y funde en el crisol de su escritura buena parte de las huellas referenciales de su obra con lo que es ejemplo de una poética completa y sistémica con la intrahistoria personal y colectiva de Los Pedroches como fundamento central. Con la tierra como madre paleolítica situada simbólicamente en la comarca de dehesas y encinares, reserva starlight, que la vio nacer, este libro coral dirige su mirada hacia unos orígenes en los que el mundo se gesta desde un cronotropo alegórico de gran riqueza expresiva donde lo real y lo mítico, la complacencia y el dolor, lo conocido y lo ignoto, la poder de la naturaleza y la emoción de la existencia, se licuan en una constelación en la que convergen todas las esencias distintivas de su trayectoria lírica.

Reconocida con un amplio catálogo de reconocimientos y galardones como el premio de Periodismo del Instituto de la Mujer en Madrid (1984) por su serie «La voz en violeta», en el periódico La Voz de Córdoba, el Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer (1998), el de Cordobesa del año (2012) y la Medalla de Andalucía (2007) por su trayectoria y defensa de las mujeres, su producción se completa con la colección de artículos Válium 5 para una naranjada; sus traducciones de poesía al italiano Veinticinco años de poesía en Italia (De la neovanguardia a nuestros días) (1990) junto a Emilio Coco y Sonetos del amor tardío (2006) al lado de Carlos Pujol; y recopilaciones parciales de su obra en volúmenes antológicos como Alada mía. Antología 1978-1994 (1995), La extranjera. Antología 1978-2005 (2006), Vulva dorada y lotos (2009), Heredad seguido de Cartas de enero (2010), Premio Nacional de la Crítica (2010), y Nunca estuve tan alta (2018).

Traducida a varios idiomas, su poesía siempre fértil y atenta a desvelar pliegues históricos y culturales desde su óptica de mujer y su perspectiva feminista taracea una encrucijada de experiencias y realidades que trascienden lo personal para proyectarse hacia lo colectivo. Desde una matriz epistemológica y lingüística femenina sustentada en una autónoma cosmogonía creativa, Juana Castro, desde una extensa diversidad estilística, figurativa y enunciativa, vertebra una amplia galería de tonalidades y registros formales aunados en su organicidad expresiva y plástica, en sus originales imágenes y analogías, en la relectura y reelaboración de espacios simbólicos y referentes míticos fundacionales de la lírica y en la singularidad de renovadoras formulaciones poéticas sobre el cuerpo, el dolor, la infancia rural, el amor, las cicatrices de eros y thanatos, la memoria como espejo de identidad y los dramas de la condición femenina. En el proceso de recreación literaria de sus vivencias introspectivas o de su percepción sobre lo circundante, su quehacer estético ha mantenido, con las variaciones propias del paso del tiempo y de la madurez y del ineludible acoplamiento entre fondo y forma, unas constantes orgánicas y conceptuales que se han ido entrelazando y renovándose con nuevos planos estéticos y locutivos allegados por las expansiones de su ideario poético en una línea diacrónica cuya personal voz y credo compositivo invita al lector adentrarse en un universo gestado desde una subjetividad femenina en permanente cambio y continua atención hacia su ser más íntimo ceñido a sus circunstancias materiales e históricas con el fin de poetizar su tiempo, su experiencia vital y su contemplación siempre atenta, consistente y crítica a través de textos cuajados de múltiples matices y lecturas.

Bibliografía de la autora

Poesía

Cóncava mujer, Córdoba: Zubia, 1978; 2ª edición: Müsu, Córdoba, 2004.

Del dolor y las alas, Villanueva de Córdoba: Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba, 1982.

Paranoia en otoño, Valdepeñas: Ayuntamiento de Valdepeñas, 1985.

Narcisia, Barcelona: Taifa, 1986.

Arte de cetrería, Huelva: Diputación de Huelva, 1989 (2ª edición: Madrid: La Palma, 2004).

Alta traición, Fernán Núñez: Jorge Huertas, 1990.

Fisterra, Madrid, Libertarias-Prodhufi, 1992 (1ª edición Regreso a Géminis, Fundación José Luis Cano, 1991.

No temerás, Madrid: Torremozas, 1994. (2ª edición, Madrid: Colección Torremozas, 2016)

Del color de los ríos, Ferrol: Esquío, 2000.

El extranjero, Madrid: Rialp (Adonais), 2000.

La jaula de los mil pájaros, Málaga: Rafael Inglada, 2004.

Los cuerpos oscuros, Madrid: Hiperión, 2005. (Reedición, Madrid: Genealogías-Tigres de papel, 2016).

La Bámbola. Intrusos en la red, Jerez: EH Editores, 2010.

Heredad seguido de Cartas de enero, Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2010.

Antes que el tiempo fuera, Madrid: Hiperión, 2018.

Antologías propias

Alada mía. Antología 1978-1994, ed. Pedro Ruiz Pérez, Córdoba: Diputación, 1996.

Venere allo specchio, traducción al italiano de Michele Coco, Vinelli, San Giovanni Rotondo, 1988.

Volo cieco, traducción de Emilio Coco, Bari: Levante, 1990.

Memoria della luce, traducción de Emilio Coco, Bari: Levante, 1996.

Pañuelos del aire, Córdoba: Cuadernos de Sandua, 2004.

La extranjera (Antología 1978-2005), Málaga: Diputación de Málaga, 2006.

Vulva dorada y lotos (Selección con entidad de nuevo poemario. Con CD en la voz de la autora), Madrid: Sabina Editorial, 2009.

Heredad seguido de Cartas de enero, (Antología 1978-2010 más un nuevo libro), Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2010.

Nunca estuve tan alta, Madrid: Sabina editorial, 2018.

Otra obra

Válium 5 para una naranjada, Córdoba: Diputación de Córdoba, 1990.

Veinticinco años de poesía en Italia (De la neovanguardia a nuestros días), en colaboración con Emilio Coco, Córdoba: Fundación Cultura y Progreso, 1990.

El Patrimonio, poema del tiempo [fascículo], col. Córdoba, 2, Diario Córdoba / CajaSur, 1997, pp. 101-120.

“Las tres mosqueteras”, en AA. VV., 27 narradores cordobeses, Málaga: Centro Cultural Generación del 27, 1999, pp. 67-74.

“La mano de luz”, en AA.VV., La puerta de los sueños, Pozoblanco: Prode, 2009, pp. 53-60.

“Cántico de Córdoba”, en AA. VV., Crónica de un sueño. Memoria de la transición democrática en Córdoba (1973-83), Málaga: C-T Editores, 2004, pp. 120-127.

María Zambrano, edición español-inglés, trad. al inglés Laura Pletsch Rivera, ilustr. Mariana Laín, Madrid: Sabina Editorial, 2016.

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Ruiz Pérez, Pedro, “El velo del templo. El discurso lírico de Juana Castro, 1978- 1994”, en Alada mía. Antología 1978-1994, Córdoba: Diputación Provincial, 1995.

Sánchez García, María Remedios y Lanseros Sánchez, Raquel, “La construcción identitaria en la poesía de Juana Castro. Compromiso e indagación, claves para una educación literaria”, Lectura y signo, 12, 2017, pp. 71-85.

Sánchez Dueñas, Blas, “Autobiografía y mitología: la vida a través del mito clásico en la poesía de Juana Castro”, Poesía histórica y autobiográfica (1975-1999), José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Madrid: Visor, 2000, pp. 555-569.

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  • Universidad Córdoba
  • Investigador Blas Sánchez Dueñas
  • Publicación Lunes, 22 Marzo 2021

Ser la primera escritora en democracia en obtener el Premio Nacional de Poesía por el conjunto antológico En el viento hacia el mar (1959-2002) en 2003 y, tres años más tarde, el Premio de la Crítica de Poesía Castellana por Zona desconocida (2006) constituyen dos circunstancias históricas lo suficientemente significativas para subrayar públicamente el mérito y el reconocimiento colectivo que merece una de las voces poéticas más personales y trascendentes del panorama lírico español contemporáneo: la poeta sevillana Julia Uceda Valiente cuya obra ha sido traducida a varios idiomas como el portugués, inglés, chino y hebreo y antologada y editada en diversas publicaciones españolas e internacionales.

Nacida en Sevilla en 1925, Julia Uceda entra en contacto con el mundo de la creación literaria en el seno de un grupo de jóvenes poetas sevillanos encabezados por Manuel Mantero quienes, en medio de la zozobra social, cultural e intelectual de la Andalucía de su tiempo, con una escasez de medios más que notoria, trataron de abrir espacios para la literatura, para la vida y para la cultura a través de revistas como Rocío (1955) y de tertulias y actos colectivos reivindicativos que se fueron sucediendo a lo largo de la década de los cincuenta.

En la Sevilla de los años cincuenta, Julia Uceda estudia Filosofía y Letras y se doctora con una tesis doctoral sobre el malogrado poeta montañés José Luis Hidalgo, sobre quien décadas más tarde editará el volumen titulado Los muertos y evolución del tema de la muerte en la poesía de José Luis Hidalgo (1999) aprovechando parte de los materiales analizados en trabajos previos como la citada tesis.

En este tiempo formó parte del claustro de profesores de la Universidad de Cádiz y de la de Sevilla hasta 1965, momento en el que, frente al aislamiento, opresión y falta de libertad del régimen franquista, de manera instintiva, decide autoexiliarse, escapar de un exilio interior que la cercaba y afligía, y buscar, por sí misma, aires de libertad, de autonomía y de desarrollo personal e identitario en otras culturas y otros países al no hallar asideros o vías para poder seguir viviendo en España. 

Hasta ese momento Julia Uceda había publicado dos poemarios: Mariposa en cenizas(1959) y Extraña juventud (1962) y tenía casi ultimado un tercero titulado significativamente Sin mucha esperanza (1966).

Además de sus empresas en los consejos de redacción de algunas revistas sevillanas y de su labor científica y crítica en revistas como Cuadernos de Ágora donde se ocupó de escribir recensiones a algunos de los principales poemarios de su tiempo, en los tres primeros libros de la poeta sevillana se pueden aprehender algunas de las claves poéticas, símbolos, registros estéticos, rasgos definitorios y temáticas particulares neurálgicas en toda su producción lírica, conformando todos ellos una praxis poética en la que, desde sus primeros poemarios hasta los últimos, se produce un continúo diálogo entre la palabra literaria y la filosofía, la religión o el pensamiento en una suerte de tejido orgánico consciente e indisoluble en su práctica literaria.

En líneas generales, tanto en las estribaciones de sus primeros libros como a lo largo de su trayectoria, la poesía de Julia Uceda se desliza por una múltiple polaridad, un rigor, una cosmovisión y una constante búsqueda que, en ocasiones, dificultan la lectura del texto, la oscurecen  o lo hacen difícil de descifrar para el lector o, en otras, da lugar a heterogéneas lecturas producidas porque, en muchos casos, su poesía se resuelve en formas de creación originadas en zonas suprasensibles o esferas metafísicas que gravitan entre las profundidades de lo más humano y los abismos de lo invisible, de lo irracional, del sueño y de lo telúrico.

Sus libros entablan ricas intertextualidades en las que se entretejen componentes relacionados con lo metafísico, lo personal, el deseo conocimiento, la aprehensión de recuerdos o momentos entrevistos, la búsqueda y el compromiso social e histórico con el deseo siempre latente de hacer pensar, reflexionar y conocer la vida humana.

Cada poema de Uceda es un ser en sí mismo. Un acto de conocimiento, de aprehensión o de explicación del ser personal, del mundo material o de las regiones suprasensibles e intangibles que, de forma latente, ocupan y preocupan a la poeta. Sus libros y cada uno de sus poemas adoptan formas heterogéneas en función de un inextricable proceso ascético, casi místico, de iluminación, de vislumbre y de reconocimiento de imágenes, recuerdos o palabras perdidas en los pliegues del tiempo o en los tejidos anímicos del interior que, en medio de la oscuridad, de la soledad, del silencio o del sueño comienzan, como en la caverna platónica, a adoptar formas y hacerse visibles en la memoria desde un estado de inconsciencia hasta la luz a través del lenguaje poético y de la simbología, ritualidad o mitología lírica capaz de proporcionarle significación visible por la palabra.

Desde Mariposa en cenizas, cada nuevo texto de Uceda supone una exploración personal, una reflexiva indagación particular sobre algún motivo que preocupa a la escritora de tal manera que su creación supone una constante búsqueda gnoseológica a la que la poeta aspira dar respuesta mediante la creación. En esa búsqueda se suscita y se trata de desvelar el misterio, el secreto, lo ignoto, lo intangible, lo inconsciente, lo latente, la memoria, etc., y una constante interacción entre el mundo real y trascendente o, dicho de otro modo, entre el plano de lo invisible e inconsciente y el plano de la materialización.

En ese proceso de búsqueda del conocimiento, de la persona y de lo que la rodea, los poemas de Extraña juventud, accésit del premio Adonais de poesía, plantean interrogantes sobre el ser y la identidad de la autora, una joven poeta extraña y extrañada en su interior y perpleja ante lo que la rodea que por medio del acto poético indaga en su yo, en su ser, en su existencia, en su identidad y en su persona y, desde ella, trata de pensar y conocerse a sí misma y a la propia vida que la circunda.

Los interrogantes, la subyacente concepción metafísica de su poesía, los poemas especulares y los desdoblamientos así como el mundo onírico y el universo mítico y simbólico característico de su poesía alcanzan madurez creadora en Sin mucha esperanza, libro que abrocha una primera esfera de la producción poética de la autora sevillana.

En 1965, Julia Uceda decide exiliarse para liberarse y tratar de hallar nuevos cauces personales, vitales y profesionales. Entre 1965 y 1973 ejerce como catedrática de literatura española en Michigan State University desde donde desarrolló una intensa actividad docente, investigadora y creadora en libertad y con muchas posibilidades de autorrealización que, en España, eran impensables para una mujer y una poeta como ella. Después de concluir su etapa americana y tras un breve paso por España, se afincó en Irlanda hasta 1976, fecha en la que vuelve a España y se instala definitivamente en una casa de campo en el valle ferrolano de Serantes.

Poco tiempo después de arribar a Estados Unidos, en 1968, la madrileña editorial Ágora publicó Poemas de Cherry Lane, un poemario trascendental en la trayectoria de la poeta sevillana por constituir una auténtica teoría del conocimiento y una teoría poética cercana a la mítica al edificarse cada poema como un proceso desde la indagación hasta el conocimiento y la muerte donde se funden vida, transformación y muerte, donde el tiempo y el espacio se erigen en dos planos en los que vida y muerte juegan, donde lo natural y el misterio, el silencio y las voces entablan diálogos que buscan respuestas en las aristas de los versos de cada poema.

A Campanas de Sansueña (1977), el libro irlandés de Julia Uceda, le siguió, en 1981, Viejas voces secretas de la noche. En ambos poemarios se puede apreciar una voz poética aún más misteriosa y mística como consecuencia los planteamientos y pensamientos sobre la existencia que brotan en unos poemas de profundo lirismo en comunicación entre el mundo exterior y el interior del alma, entre el pasado perdido y el presente desde el que se viaja hacia atrás por medio de la memoria y el recuerdo. 

La plaquette Viejas voces secretas de la noche (1982) recoge, mejor que ningún otro libro, el reconocimiento de las palabras, el proceso desde lo desconocido a su gestación y plasmación desde la oscuridad en la paz del silencio y de la noche, silentes y silenciosas, hasta su aparición en forma de palabra y de poema como se puede apreciar en poemas como “Viejas voces secretas de la noche”, “Orden del sueño” o “Tregua”.

En sus últimos poemarios desde Del camino del humo (1994) hasta Escritos en la corteza de los árboles , la poeta sevillana se sumerge en la búsqueda del nacimiento del lenguaje y de la expresión de las emociones, de lo no dicho aunque existiera latente en el silencio atemporal o interior, de las primeras formas de dicción de una emoción o de unas sensaciones desde el primitivo ruido o sonido inarticulado, para, con ello, tratar de comprender el esfuerzo ciego de un ser por establecer una comunicación con él o con su propia y primitiva realidad, demostrar que el sentido de las palabras no se completa si no se puede analizar desde un punto de vista hermenéutico y recorrer, con todo, el camino que fue necesario transitar para reconocernos y poseer un idioma desde el silencio inicial.

Del camino de humo (1994) recoge un conjunto de poemas cuyo hijo conductor es el cortinaje vaporoso que apenas se ilumina en cada uno de ellos. Por ello supone una incursión en paisajes de ciudades nebulosas, en zonas interiores llenas de preguntas y recuerdos entrevistos en el vacío, en espacios vaporosos donde se dejan oír ecos lejanos, voces de la memoria o apariciones de momentos soñados o apenas percibidos en el  mundo real o en el onírico o en arcanos lugares desde donde la memoria emprende un camino de regresión desde el ignoto o desconocido pasado depositado en ella hasta el presente que se hace acto por medio de la creación literaria.

Zona desconocida(2007) supone una aventura lírica de penetración en otros territorios de la existencia, más allá de la realidad visible; un adentrarse en la aspiración juanrramoniana a acceder a la «realidad invisible». En sus veintiocho poemas se suscitan numerosas interrogaciones fruto de la incomprensión y el deseo de revelación al que aspira la poeta. Los interrogantes se plantean al sentir del deseo de penetrar en zonas ignotas sobre los orígenes del ser, de lo que ha sido o pudo ser, al querer llegar a desvelar sueños, hacer emerger olvidos y recuerdos, hacer ajustes de cuentas consigo misma y con la historia, en un constante afán de búsqueda y de culminación en su particular voluntad de conocimiento perceptible en poemas como “¿Dónde la casa?”, “Apuntes de historia” y “Regresa el pálido caballo”.

Hablando con un haya (2010) y Escritos en la corteza de los árboles (2013) son las últimas aportaciones de Julia Uceda al panorama poético nacional. Los poemas de estos dos libros vuelven a recoger los ecos trasversales de las líneas esenciales de su poesía. La memoria y el recuerdo son situados en comunicación y revisión constante desde el presente con el afán de comunicarse con ellos y de atrapar el origen de la propia dicción, el inicio de la expresión de las emociones, los signos primitivos de la naturaleza y del ser humano desde donde se originó el propio lenguaje.

En definitiva, continuando la estela de ecos inmanentes a lo largo de su producción, sus poemas se orquestan partiendo de encrucijadas dialécticas en las que laten enlazados conceptos o esencias disimiles en constante conflicto entre el ser y el no ser, el estar y el ser deshabitado, el saber y el conocer frente a la duda y el desconocimiento real o producto del sueño, entre lo dicho y lo que está por decir, ha sido casi nominado o no es capaz de ser materializado por el lenguaje, entre el presente y el pasado que se desea hacer regresar, etc., en definitiva, entre lo material, visible, aprehensible o referencial y lo inmanente, el recuerdo, lo suprasensible o lo simbólico.

Para concluir, conviene no olvidar la ingente actividad editorial y cultural desarrollada en las últimas décadas por la poeta andaluza desde su residencia gallega. Julia Ucedaes miembro correspondiente de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras y ha sido codirectora, con Fernando Bores, de la Colección Esquío de Poesía y del premio del mismo nombre en Ferrol, y codirectora con Sara Pujol de la colección de ensayos «La barca de Loto».

En los últimos años, su personal produccion poética así como su inquieta vida cultural ha sido reconocida con numerosos galardones y nombramientos entre los que destacan el de Hija Adoptiva de la ciudad de Ferrol (2009) donde vive e Hija Predilecta de Andalucía (2005) donde nació.

Bibliografía

Uceda, Julia (1959). Mariposa en cenizas. Prólogo de Manuel Mantero. Arcos de la Frontera: Alcaraván.

_________ (1962). Extraña juventud. Madrid: Rialp.

_________ (1966). Sin mucha esperanza. Madrid: Ágora.

_________ (1968). Poemas de Cherry Lane. Madrid: Ágora.

_________ (1977). Campanas en Sansueña. Madrid: Gráficas Uguina.

_________ (1980). En elogio de la locura. Prólogo de Manuel Mantero. Sevilla: Vasija.

_________ (1981). Viejas voces secretas de la noche. Ferrol: Sociedad de Cultura Valle-Inclán, colección Esquío de Poesía.

_________ (1994). Del camino de humo. Sevilla: Renacimiento.

_________ (2002). En el viento, hacia el mar (1959-2002). Edición de Sara Pujol Russell. Sevilla: Fundación José Manuel  Lara.

_________ (2006). Zona desconocida. Seguido de un ensayo de Miguel García-Posada. Sevilla: Fundación José Manuel  Lara.

_________ (2010). Hablando con un haya. Valencia: Pre-Textos.

_________ (2013). Escritos en la corteza de los árboles. Sevilla: Fundación José Manuel  Lara.

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  • Investigador Blas Sánchez Dueñas
  • Publicación Miércoles, 06 Abril 2016

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