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Nacida en Málaga en 1931, el descubrimiento de su vocación poética estuvo claramente vinculada a su ciudad natal, en la que destacaba el nombre de Bernabé Fernández Canivell (editor de la revista malagueña Caracola) que pronto se convirtió en su mentor literario y gracias al cual, tuvo correo de Luis Cernuda y Juan Ramón y pudo conocer personalmente a Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Jorge Guillén. También a él le debe el conocimiento de Muñoz Rojas, el de Spiteri y el del grupo de la revista cordobesa Cántico, con Pablo García Baena a la cabeza.

Su singladura poética se inicia con Arte y aparte y Cañada de los ingleses, ambos publicados 1961, a los cuales les sigue un silencio literario de quince años. Anteriormente, su marido, Rafael León, había dado a conocer sin su consentimiento en 1953 un cuaderno titulado Tierra mojada, que ella nunca admitió como su primera aportación al mundo poético. Si eliminamos este cuaderno y otros Cuatro sonetos impresos en 1955, podemos establecer 1961 como fecha de inicio de su poesía. No olvidemos que por entonces se había ido fraguando la eclosión y posterior declive de la poesía social a cuya floración contribuyeron algunos nombres de la segunda generación de postguerra. No fue el caso de María Victoria Atencia,  como sabemos. En esos años de voluntario paréntesis se dedicó a una pasión no sé si igualmente poética pero sin duda alguna sorprendente: fue piloto de aviación, actividad que le llevó a cruzar otras geografías del alma, no en vano decía en el poema “Estrofa 24”: “De las cinco orientaciones cardinales elijo con pasión la del vuelo.”

El regreso a la poesía se produjo en 1976 con uno de sus libros más emblemáticos, Marta & María, escrito según la poeta en un momento de tensión y angustia ante un posible desgajamiento. Esta fecha supuso según comentó Guillermo Carnero una fisura  en su labor literaria y abrió una segunda etapa  en su trayectoria. Sus primeros libros aparecieron en una fecha en la que cronológicamente pertenecían a la generación de medio siglo, pero el hecho de que se publicaran en ediciones restringidas y no venales, sumado a que su estilo literario no encajara con esa estética predominante en la España de los años sesenta, obligó a que su nombre se omitiera en las nóminas de esa segunda  generación de posguerra reapareciendo, en cambio, en las de los poetas culturalistas de la generación siguiente, la de los setenta, con algunos de los cuales compartía ciertas inquietudes estéticas: Los sueños (1976) y El mundo de M.V. (1978) son libros circunscritos a un estadio de renovación poética. La tercera etapa comenzaría con El coleccionista (1979), Paulina o el libro de las aguas (1984), Compás binario  (1984) y la colección antológica Ex libris (1984); esta etapa compartiría evidentes características con el culturalismo predominante en la poesía española durante esos años. Iniciarían la cuarta etapa De la llama en que arde (1988) y La pared contigua (1989) en la que “el yo autobiográfico, ahora menos velado y distante, reclama un mayor espacio para sí mismo” (Sharon Keefe Ugalde, 1998:  24-25). A ellos habría que añadir dos libros más de 1992: La intrusa y El puente, en los que “cabría resaltar un mayor hermetismo propiciado por la intensificación de la elipsis, el conceptismo y la sugerencia que llevan, en ocasiones, a un tono de simbolismo” (Ruiz Noguera, 1997: 190). Emilio Miró de manera muy acertada había comentado que a partir de La pared contigua y de El puente se percibe en la poesía de María Victoria Atencia “un ahondamiento progresivamente entrañado en las esencialidades humanas: el arte, la belleza, el amor, el misterio, la religiosidad, la muerte” (1997:176) al tiempo que se acentúa el simbolismo –no del todo ausente en composiciones anteriores- así como la reflexión y meditación sobre la propia existencia y la creación poética.

A estas etapas deberíamos añadir una final en la que se incluirían sus libros más recientes: Las contemplaciones (1997) con el cual obtuvo el “Premio Andalucía de la Crítica” (1998) y el “Premio Nacional de la Crítica” (1998),  A orillas del Ems  (1997), Trances de Nuestra Señora (1997), y los últimos títulos publicados ya en el siglo XXI: El hueco (2003), De pérdidas y adioses (2005), El umbral (2011) y la antología Como las cosas claman (2011). En esta etapa final, mucho menos conocida y reseñada,  veo un claro ahondamiento en la espiritualidad, en lo etéreo, en aquello que no resulta evidente pero ahí está de pronto, llenando de connotaciones lo real. La poesía posee y recrea la  esencia de la vida, la palabra se justifica a sí misma por su capacidad de trasmitir instantes de trascendencia, por su clara fe en el valor representativo, por la búsqueda de la perfección y exactitud, por la relevancia de su belleza.

La contemplación es la que mantiene en la poesía atenciana el tono marcadamente reflexivo de sus composiciones, la serenidad en la cadencia del verso, el tiempo suspendido en la contemplación de la belleza que la arrastra en su música callada hacia los rincones más cercanos a lo espiritual. Su concepción del poema como proceso responde a una poesía esencialista y depurada que recurre a la tensión y a la ambigüedad, a la dualidad significativa. Uno de los elementos más destacados de su poética es precisamente la vinculación representada en los poemas entre el mundo real y el imaginario, entre el mundo cotidiano y su expresión subjetiva que llevan a formular una lectura polivalente del texto.

Bibliografía de la autora

Atencia,  María Victoria (1961). Arte y parte.  Madrid: Rialp.

_____ (1973). Cañada de los ingleses. Málaga: Curso Superior de Filología de Málaga.

_____(1976). Marta & María.  Málaga: imp. Dardo, no venal.

_____(1976). Los sueños. Málaga: imp.Dardo.

_____(1978). El mundo de M.V. Madrid: Ínsula.

_____(1979). El coleccionista. Sevilla: Gráficas del Sur.

_____(1984). Compas binario. Madrid: Hiperión.

_____(1984). Paulina o el libro de las aguas. Madrid: Trieste.

_____(1986). Trances de Nuestra Señora. Madrid: Hiperión; 2ª ed., Valladolid, Fundación Jorge Guillén, 1997.

_____(1998). De la llama en que arde. Madrid: Visor.

_____(1989). La pared contigua. Madrid: Hiperión.

_____(1992). La intrusa. Sevilla: Renacimiento.

_____(1992). El puente. Valencia: Pre-Textos.

_____(1997). Las contemplaciones. Barcelona: Tusquets.

_____(1997). «A orillas del Ems», Málaga, Litoral: 213-214.

_____(2003). El hueco. Barcelona: Tusquets.

_____(2005). De pérdidas y adioses. Madrid: Pre-Textos.

_____(2001). El umbral, Valencia: Pre-Textos, 2011.

 

Bibliografía sobre la autora.

Benítez Reyes, Felipe (1990). “María Victoria Atencia, el sueño de lo real”, Encuentros con el 50: la voz poética de una generación, Oviedo: Fundación Municipal de Cultura. 133-134.

Candel Vila, Xelo (2008). “La última poesía de María Victoria Atencia”, Salamanca: Cuadernos del Lazarillo: Revista literaria y cultural, 34: 16-20.

_____(2011). “El ámbito espiritual de Atencia: De Las contemplaciones a El umbral”, OJÁNCANO. Revista de literatura española, 40, University of North Carolina, Department of Romance Languages & Literatures:59-82.

_____(2013). “Espacios reales y configuración simbólica en la poesía última de María Victoria Atencia”, en PAYERAS GRAU, María (ed.), Desde las orillas. Poetas del 50 en los márgenes de canon. Sevilla:  Renacimiento. 51-67.

_____(2014). “María Victoria Atencia en el umbral”, en María Victoria Atencia: Reina blanca de nuestra poesía, GÓMEZ YEBRA, Antonio (ed.), Junta de Andalucía, Consejería de Educación, Cultura y Deporte. 67-82.

Carnero,  Guillermo (1984).  “Prólogo”,  Ex Libris. Madrid: Visor.

_____(2011). “Nunca tan poco. La poesía de María Victoria Atencia”, prólogo a Como las cosas claman. Antología poética. Sevilla: Renacimiento.

García Martín, José Luis (1990). “Introducción” a Antología poética, Madrid: Castalia.

Gómez Yebra, Antonio, ed. (2014). María Victoria Atencia: Reina blanca de nuestra poesía, Junta de Andalucía.

Keefe Ugalde, Sharon (1991), Conversaciones y poemas. La nueva poesía femenina española en castellano. Madrid: Siglo XXI.

_____(1997). “María Victoria Atencia”, en El vuelo. María Victoria Atencia, Málaga: Revista Litoral, 213-214.

_____(1998). La poesía de María Victoria Atencia. Un acercamiento crítico, Madrid: Huerga y Fierro.

Miró, Emilio (1997). “Arte y vida en el mundo de M.V.”, en El vuelo. María Victoria Atencia,, Málaga:Revista Litoral, 213-214.

_____ (1985). “El mundo lírico de María Victoria Atencia”, Madrid: Ínsula, 462.

Payeras Grau, María (2009). Espejos de palabra. La voz secreta de la mujer en la poesía española de posguerra (1939-1959). Madrid: UNED.

Ruiz Noguera, Francisco (1997). “María Victoria Atencia: la mirada, el gesto, la palabra”, en El vuelo. María Victoria Atencia, Málaga: Revista Litoral, 213-214, Málaga.

VV.AA. (1992). “María Victoria Atencia”, Poesía en el campus, Universidad de Zaragoza, 19.

Información adicional

  • Universidad València
  • Investigador Xelo Candel Vila

María Beneyto nació en Valencia en 1925 aunque a los tres años su padre decidió trasladarse con toda la familia a Madrid para probar fortuna como autor teatral. Sin embargo, la inestabilidad económica les obligó a regresar a Valencia en 1937. Durante los años duros de la posguerra, se va forjando de manera autodidacta la sensibilidad poética de María Beneyto y será a una temprana edad cuando se inicia su trayectoria poética con la publicación en 1947 de Canción olvidada, libro que recogía la producción de adolescencia. Empiezan entonces los primeros contactos con los círculos literarios de la ciudad con la peculiaridad de encontrarse en una situación cultural de bilingüismo que hará que se vaya decantando alternativamente por escribir en castellano y en catalán. A este primer conjunto de poemas le seguirá en 1952 Eva en el tiempo, uno de sus libros más paradigmáticos, en el que quedan patentes algunos de los rasgos definitorios de su poética, entre los que destaca la constante presencia de un sujeto testimonial comprometido con su realidad social más inmediata, capaz de alzarse frente a las injusticias sociales. Esa voz lírica reivindica al tiempo un sujeto lírico femenino y testimonial, de ahí la identificación con Eva, personaje femenino que en la poesía de Beneyto adquiere connotaciones simbólicas, es la mujer universal y protectora, la madre penitente que llora el dolor del mundo. Del mismo año es su primera publicación en catalán, Altra veu (1952), editado por Xavier Casp, en el que la poeta reivindica no sólo otra voz, sino la posibilidad de que la poesía pueda trascender la situación de opresión política en la que se vive en la ciudad, vista como opresora frente al mundo rural, que es concebido como espacio en libertad. En 1954 aparece Criatura múltiple, libro premiado por la Diputación de Valencia, cuyo título ya recoge el carácter plural de ese sujeto lírico femenino que configura uno de los rasgos más destacables de la poesía de María Beneyto. Dicha multiplicidad permite recuperar una serie de imágenes recurrentes en su poesía con las que el sujeto se identifica y que al tiempo representan la voz de un sujeto solidario y social. En su obra, la mujer aparece como criatura elemental tanto de tierra como de agua o aire. Con su siguiente libro, Poemas de la ciudad (1956), accésit del Premio Boscán, la ciudad abre un espacio de posibilidades nuevas y se vincula con la poesía social al recuperar el drama y la desesperanza de tantos seres desarraigados que transitan por las noches de las ciudades modernas. Ese mismo año publica Tierra viva, con el que había conseguido un accésit al Premio Adonais. En él, se aleja de la temática urbana que había predominado en libros anteriores y abre paso a una poesía donde cobraba fuerza la comunicación directa con la naturaleza. La tierra es el elemento nuclear alrededor del que gravitan todas las imágenes con las que se identifica el sujeto. En Ratlles de l’aire (1956), que obtuvo el premio “Ciudad de Barcelona”, encontramos la presencia de la temática religiosa, un tanto atípica en su producción,  más vinculada a la reflexión existencialista y a la contemplación de la naturaleza. Unos años más tarde, publica Vida anterior (1962), libro que recupera una nostalgia de la infancia, un mundo en el que sólo reaparece en el espacio irreal de los sueños. Pero lejos de ese paraíso perdido, también la infancia es vista desde el prisma dramático de la guerra; la memoria histórica nos devuelve el tiempo del dolor amargo y el hambre. La poesía de María Beneyto refleja un sujeto marcado no sólo por su género sino por la circunstancia social y política del entorno y el tiempo en el que vive y escribe. Sus poemas fueron recogidos en las antologías más representativas del momento como fueron Veinte años de poesía española. Antología 1939-1959 (1960) de J.M.Castellet, Segunda antología de Adonais (1962) y Antología de la nueva poesía española, 1962-1963 (1964) de J.Martos o en Poesía social española contemporánea. Antología 1939-1964 (1965) de Leopoldo de Luis. En la poética que presentó para esta última, hacía referencia precisamente a que el poeta debe participar de las inquietudes y problemas de la comunidad humana a la que pertenece, por ello el compromiso es un deber moral ineludible.

            Algunos de los temas, símbolos e imágenes característicos de la primera época se repiten en su obra posterior, como los recuerdos de la infancia y las duras condiciones de vida de la posguerra, que reaparecen en Biografía breve del silencio (1975), escrito a raíz de la muerte de su madre. Desde entonces la autora se sumerge en un silencio editorial de casi veinte años roto en 1993 con la publicación de Hojas para un día de noviembre, libro que brota de la nostalgia otoñal del pasado, aunque en realidad es un libro de transición puesto que sus poemas fueron escritos mucho antes, entre 1975 y 1976. En el prólogo al mismo, José Albi diferenciaba tres periodos en la poesía escrita en castellano por María Beneyto: un primer periodo formado por toda la "poesía de iniciación y joven madurez" de la autora, escrita entre 1947 y 1964, reunida por Plaza & Janés en 1965, y que constituiría en núcleo más unitario de su obra; un segundo periodo que configuraría la "poesía de transición", cuyos libros más representativos serían Breve biografía del silencio (1975), escrito entre 1965 y 1966, y El agua que rodea la isla (1974), libros poco distribuidos y por tanto mal conocidos,  y, por último, la "nueva poesía" escrita entre los años 1975 y 1992, y publicada a partir de 1993. A estos títulos habría que añadir los publicados en catalán en estas fechas: Altra veu (1952) y Ratlles a l’aire (1956), que quedarían incluidos en el primer periodo, y Vidre ferit de sang (1977), libro con el que obtuvo el premio Ausiàs March de Gandia, que pertenecería a la  época de transición, pues aunque supera el margen cronológico establecido por Albi, se trata de poemas escritos entre 1956 y el año de su publicación. Entre los rasgos que señala Albi como característicos de esta última etapa de la autora se incluirían la continuidad en temáticas y en formas de expresión con ciertos libros de la etapa anterior, en especial con Vida anterior y Criatura múltiple; la búsqueda de nuevas formas en las que se hallan moldes renovados, llegando a usar incluso formas de origen surrealista; la atenuación de elementos autobiográficos; el paso de una mirada más colectiva a otra más individual; un cierto enriquecimiento retórico así como la progresiva presencia de lo misterioso en la cotidianeidad. Los libros publicados al principio de los años noventa presentan asimismo una visión más desencantada de la realidad y aunque predomine en ellos la introspección intimista no deja de lado su mirada solidaria, en particular Nocturnidad y alevosía (1993), muy relacionado con los "Nocturnos" de su Poemas de la ciudad, que recupera el tópico finisecular de la vida decadente en las ciudades modernas. Como dice la autora en la introducción a la antología Archipiélago. Poesía inédita 1975-1993: "Y es que a mí, esas noches de las ciudades invadidas tantas veces por el drama y la desesperanza, me obsesionan. Pero, junto al alcohólico pertinaz y las niñas drogadictas, hay sueños humanos sanos y simples, que escapan hacia la noche en forma de esperanza" (1993:14) Son libros que en general presentan una cierta renovación y experimentación estética con respecto a los anteriores. En Para desconocer la primavera (1994), por ejemplo, los poemas repletos de tópicos románticos están incluso en una línea más cercana a tradición metaliteraria de desmitificar algunos tópicos más destacados de la poesía becqueriana. En cambio, en  Días para soñar que hemos vivido (1996) se acerca más a un irracionalismo poético debido sin duda a un progresivo oscurecimiento del lenguaje. A estos libros hay que añadir en los últimos años: Elegies de pedra trencadissa (1997), Balneario (2000), donde resurge la temática de la multiplicidad de voces unida a la memoria del sujeto, en el limite entre lo real y lo irreal, Casi un poco de nada (2000) y Bressoleig a l’insomni de la ira (2003). Si la primera etapa de María Beneyto, hasta 1975,  se distingue por una tonalidad más confidencial, realista y directa, por un lenguaje sencillo, la última en líneas generales se caracteriza por un lenguaje más simbólico donde predominan los recursos retóricos y las imágenes irracionales. No cambian en esencia los motivos temáticos pero sí el tono, el enfoque, la perspectiva.

Bibliografía de la autora

BENEYTO, María (1947). Canción olvidada. Valencia: Tipografía Moderna.

_______ (1952). Eva en el tiempo. Valencia: El sobre literario.

_______ (1952). Altra veu. Valencia: Torre.

_______ (1954). Criatura múltiple. Valencia: Diputación Provincial.

_______ (1956). Poemas en la ciudad. Barcelona: Fe de vida, Joaquín Horta.

_______ (1956). Ratlles a l’aire. Valencia: Torre.

_______ (1956). Tierra viva. Madrid: Adonais.

_______ (1956). Antología general. Caracas: Lírica Hispana.

_______ (1962). Vida anterior. Caracas: Lírica Hispana.

_______ (1965). Poesía (1947-1964). Barcelona: Plaza & Janés.

_______ (1974). El agua que rodea la isla. Caracas: Árbol de Fuego.

_______ (1975). Breve biografía del silencio. Alcoi: La Victoria.

_______ (1977). Vidre ferit de sang. Gandia: Ajuntament de Gandia.

_______ (1993). Després de soterrada la tendresa. Valencia: Bromera.

_______ (1993). Antología poética. Valencia: El Clot.

_______ (1993). Hojas para algún día de noviembre. Valencia. Ayuntamiento de Valencia.

_______ (1993). Nocturnidad y alevosía. Valencia: Pre-Textos.

_______ (1993). Archipiélago (Poesía inédita 1975-1993). Valencia: La Buhardilla.

_______ (1993). Antología poética. Valencia: Consell Valencià de Cultura.

_______ (1994). Para desconocer la primavera. Madrid: Torremozas.

_______ (1996). Días para soñar que hemos vivido. Castelló de la Plana: Alcap.

_______ (1997). Poesia (1952-1993. València: Institució Alfons el Magnànim.

_______ (1997). Elegies de pedra trencadissa. Alzira: Bromera.

_______ (1999). El mar; desde la playa. Valencia: Llambert Palmart.

_______ (2000). Balneario. Xàbia: Poética 80.

_______ (2000). Casi un poco de nada. Valencia: Institució Alfons el Magnànim.

_______ (2003). Bressoleig a l’insomni de la ira. Alzira: Bromera.

_______ (2006). Eva en el laberinto. Antología poética. Valencia: Institució Alfons el Magnànim.

_______ (2008). Poesía completa (1947-2007). Valencia: Ajuntament de València.

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  • Universidad València
  • Investigador Xelo Candel Vila

El poeta valenciano José Albi  ha quedado, por diversas razones, en los márgenes del canon generacional y no ha recibido la atención que tuvieron otros poetas de su momento. Albi optó siempre por arriesgarse en cada etapa con una propuesta personal, aunque eso le costara en múltiples ocasiones caminar de espaldas a los cánones generacionales. A finales de los cuarenta se encontraba sensibilizado por el deseo de hallar una poética que se ajustase a su medida.  Era además la época en la que se dedicó a realizar traducciones de algunos poetas surrealistas franceses y en la que incluso dirigió, junto a Joan Fuster, una de las revistas más importantes del panorama español, Verbo. Cuadernos Literarios, en la que se publicó una de las primeras antologías sobre el particular movimiento surrealista español que se escribieron por aquellas fechas en nuestro país: Antología del Surrealismo español (Verbo, n. 23-24-25, febrero de 1952). A este respecto, dirá José Albi que el Surrealismo en España no tuvo una figura capaz de representar una nueva orientación subversiva y su continuidad fue debida no tanto a un gran entusiasmo inicial como a su propia esencia, a su contenido y a su método. Y precisamente esa búsqueda es la que le llevó a una interpretación personal de las vertientes surrealistas llegando incluso la teorización de un nuevo movimiento estético bautizado como Introvertismo, nombre que alude a una interpretación subjetiva e intimista del sujeto poético con respecto a la realidad. El Introvertismo partiría, por tanto, de las ideas sustanciales que había integrado el movimiento surrealista aunque pronto fue desligándose de este y configurándose más bien como una nueva reacción estética. Pero ante todo, el Introvertismo era otra nueva manera de entender el acto poético. El primer manifiesto sobre el movimiento lo hallamos en el n.15 de Verbo, correspondiente a marzo-abril de 1949, y está firmado por José Albi, Jaime Vila, Pedro Biosca, R. Escudero y J. Gil Sola.

En 1955, seis años más tarde de esta tentativa, José Albi inicia con el libro Vida de un hombre un cambio radical y definitivo en el camino de maduración de su  concepción poética. Aparece un sujeto poético unitario en primera persona marcando subjetivamente el discurso frente a la aparente objetividad  de los poemas anteriores. Esta línea se irá consolidando en la concepción de la poesía como manifestación experiencial, en la dirección adoptada por otros poetas de los años cincuenta que aprendieron de algunos poetas ingleses la relevancia que podría tener para su poesía el monólogo dramático. A través de la memoria, otro de los puntos en común con los poetas de la generación canónica del 50, este sujeto rememora, en este caso mediante una función evocativa, el escenario poético. Con este libro José Albi se sitúa en la vertiente intimista y rehumanizadora de la poesía, desde el discurso concreto de un hombre, en este caso un profesor que frente al aula vacía al acabar las clases rememora los días pasados en ella en un tono completamente narrativo. Pero este libro tantea además la posibilidad de romper el silencio al que están sujetos los hombres y de lanzar un grito a favor de la libertad perdida:“Yo reclamo el prodigio. Mi palabra es un grito lanzado contra todos/los hombres que enmudecen,/contra todos los hombres que se mueren agarrados al suelo” (poema 3).

En 1960 publica en Bilbao el libro Bajo palabra de amor, en cuyo título resultan obvias las referencias a Pido la paz y la palabra de Blas de Otero y a Libertad bajo palabra de Octavio Paz. Con este libro, José Albi enlaza directamente con la poesía social y con los rasgos que la caracterizaban como la narratividad, la descripción y la invocación a las preocupaciones sociales. Pero no veo en Albi una proyección política de fondo, ni un realismo comprometido o testimonial. Y precisamente en este punto es donde radica su particularidad poética, en rescatar la postura rehumanizada de la poesía adaptando la narratividad que también usaron los poetas sociales pero subjetivándola, es decir, dándole una perspectiva revitalizadora a esta poesía. En la poética de Albi encuentro, eso sí, un rasgo que fue relevante en los poetas realistas de los cincuenta, la mirada irónica ante la realidad, que en muchas ocasiones llega a un escepticismo declarado para poder cambiar determinada situación confliva. Los poemas recogidos en las “Cinco versiones rápidas de España” que se dan en el libro son en realidad una herida abierta hacia la libertad sin llegar al compromiso social y político: “Me nombro en libertad y en esperanza. En soledad/terrible”; una visión dolorida de España: “Llámese muerte/nuestra España crecida aquí en el pecho. Crecida y torturada”. Para ello el poeta utiliza un ritmo rápido consistente en la reiteración, el paralelismo y una tonalidad tensa, repleta de términos que en ocasiones recrean un tono desgarrador cercano al hernandiano: “Tengo mi furia de acorralado toro. No me basta./Tengo la muerte, como un cuchillo al borde de mi sombra./Un gesto tengo en pie, puesto en combate. Nada es nada.” El suyo es un grito que no desemboca en combate sino en rabia, en silencio, en desencanto: “Esa espada de paz que va cortando, cortando a tajos,/vivos, tajos hondos,/huracanes de paz en las gargantas”.

En las Elegías mediterráneas, fechado en 1959, se mantenía la misma tónica pero generalizando su temática y abriendo paso a la esperanza a través de la filosofía del amor, tema que encajaba perfectamente aunque a destiempo con los poetas de nuestra primera posguerra como Luis Rosales, Leopoldo Panero, Otero o Hierro. En Albi hallamos su personal intento de devolver a la poesía su vertiente humana: “pondré las manos donde están las vuestras,/ y el amor, donde empieza nuestro olvido” (poema 2). El escenario de estas elegías es siempre un lugar complejo e indeterminado y el personaje introducido en él aparece confuso, un hombre que llega y se aleja dejando tras él tan sólo su sombra. Por ello, el sujeto presentado en el poemario se identifica, por su inestabilidad, con el mar, “es una lucha a muerte”, ambos se reconocen en una inmensidad que comienza y no se sabe cuándo acaba, ambos coinciden en la lucha: “El hombre es esta sorda tormenta sin salida” (poema 20). Aunque al final, una vez más, el sujeto poético seguirá apostando por el amor como la única tabla de esperanza posible: “casi sin voz sigo diciendo:/siempre esperanza, siempre amor” (poema 31). Se inaugura ademas en Elegías mediterráneas un rasgo que va a presidir la poesía de José Albi en los libros posteriores.  Me refiero al hecho de poner en relación mediante una ruptura de expectativa una acción u objeto cotidiano con un pensamiento absoluto o trascendental. Pero será en Bosque en llama viva, poemario escrito entre 1961 y 1962, donde este tipo de retórica, consistente en mantener una relación impresionista entre términos tan divergentes entre sí, comience a aparecer con mayor frecuencia. Así, por ejemplo, en el poema ”Primera predicción”, las sillas “tienen  como un gesto de asombro y esperanza” y el propio destino es visto “como una silla más que nos sobrara”. En el poema “Soneto de arte menor para Juan de Juni” el tono aparentemente jocoso resulta en realidad patético y en el último verso se resume no sólo el sentido de todo el soneto sino el escepticismo que se respira en el resto del libro: "la vida es un triste juego". Temas como la adversidad, la soledad, el dolor o la muerte invaden cada rincón de una vida en la que el amor parece ser el único refugio posible, la única salida válida ante la imposibilidad de cambiar el mundo mediante un grito de liberación. Son poemas de apelación a un “tú” o a un “vosotros” que continúan la línea ya iniciada en Vida de un hombre de considerar la poesía abierta a la  comunicación. En el poema “Agonía” se apela al "Dios inaudito" desde una alusión directa y dramática: "Dios que solloza,/ no sólo en carne viva, sino en piedra./Dios atado al dolor como a una argolla". Pero la agonía presentada en este poema de José Albi quizás se acerque más concretamente a la poesía angustiada y desarraigada de Blas de Otero, puesto que es una agonía en frecuente diálogo dramático con Dios, una agonía invocativa que también podríamos hallar en el Unamuno más desolador, en los salmos bíblicos, en Quevedo o en San Juan de la Cruz. Este poema destaca por la tensión dramática y por la riqueza expresiva, conseguidas mediante un ritmo rápido, casi extenuante: "me desgajas la luz, me la cercenas,/ me cercas el aliento, me lo cortas,/ me lo das, me lo niegas, me lo mueres". Y también se consigue mediante ese tono atormentado que encontramos asimismo en Otero provocado en parte porque el Dios invocado no da respuesta alguna ante sus suplicas: "Todo termina aquí. Busco en los astros/ la escondida palabra que responda,/ que explique tu agonía. Mi agonía/tiene a veces, oh Dios, tu misma forma".

En Guadalest, Amor (1969) observamos que los elementos cotidianos son los que dan pie en la poesía de Albi a las reflexiones más trascendentales: "¿Es que el amor termina,/ el cielo pasa, los cántaros / se vacían, las hoces se arrinconan, se oxidan?/ ¿Es que el destino es nada?" (poema 3). Con este libro vuelve a la poesía de comunicación directa que se inició en Vida de un hombre, vuelve a la poesía entendida como palpitación de la realidad, como el lugar donde habitan los hombres. Y precisamente por ello entiende que la poesía, como la vida, no debe ponerse límites. Creo que  José Albi, y este punto es quizás el más actual de su poética, no participó de manera regular en la polémica que cronológicamente le toco vivir entre poesía como comunicación o como conocimiento puesto que podría participar de ambas maneras de entender la poesía. De hecho, en su poesía parte de una para llegar a la otra porque entiende la realidad como el espacio por el que se mueve el hombre y, por ello, no concibe más que el lado humano de las cosas. La realidad, desde esta perspectiva que presentan sus poemas, no es vista como un espacio conflictivo ante el cual el sujeto poético debe actuar haciéndose eco de una protesta, sino que es de nuevo una realidad trascendida.

           

             Durante los años setenta Albi no sólo rechazó el clamor rupturista del discurso  novísimo sino que además siguió apostando por una concepción humanizada y realista de la poesía. En 1973 publica  Picasso azul, donde nos presenta una serie de personajes marginales a los que se acerca desde la ternura, no los ve desde una postura crítica sino desde el punto de vista más humano y caritativo. En otros libros se aleja también del experimentalismo típico de esos años. Así, por ejemplo, en Odisea 77 (1977) retorna al tema del Mediterráneo que había ya recogido en Elegías mediterráneas pero dándole al mar una significación mitológica al rememorar la odisea de Ulises en Troya. Dos años más tarde, publica Elegía Atlántica (1979) en el que de nuevo el mar aparece esta vez como confidente del sujeto lírico que busca en él al amigo muerto. Quizás la única tentativa de ensayar la tónica experimental durante estos años sea el conjunto Epitafio por un trozo oxidado de felicidad, fechado en 1972 aunque no publicado hasta que se reúna toda su poesía en dos volúmenes antológicos en los años noventa. Sus otros poemarios fechados igualmente en esta década de los setenta, Desconcierto para trombón y flauta o Códices góticos desde Albarracín, ambos inéditos hasta que se reúna su obra en los años noventa, vuelven de nuevo a lo cotidiano, lejos de rupturas y formalismos estéticos. Ni siquiera las páginas venecianas que José Albi incorporó a su libro Góndolas y otras adivinaciones (1997), escrito en los años setenta,  poco o nada tienen que ver con el decadentismo esteticista y aristocratizante del que hicieron gala los poetas “venecianistas”. Una vez más Albi opta por una vía personal, la ensoñación:  “Ciudad puesta al revés, como un gran sueño”. Se trata de una realidad vista a través del prisma romántico. De los años ochenta son Doménikos, Ego (1984), cuyos poemas son interpretaciones libres sobre pinturas de El Greco, y Ágatas para Ágata van Schoenhoven (1986). Durante la década siguiente dos volúmenes antológicos recogen, en 1991 y 1993 respectivamente, la mayor parte de la trayectoria de Albi en verso desde sus inicios en los años cuarenta hasta 1990, en muchos casos hasta ese momento inéditos. A ellos seguirán Ensayo sobre un parque en noviembre (1993), poemario con el que obtuvo el Premio de la Crítica Valenciana en 1994,  Improvisaciones a cuatro manos (1995) Góndolas y otras adivinaciones (1997), Monólogo para una celebración. Contraluz (1998), Desde un otoño inevitable: Adagio para una sinfonía inacabada (1999) y El anticuario de los diez espejos (2000). 

En la nota que el poeta escribió para su libro Improvisaciones a cuatro manos  encontramos una de las claves más importantes de su concepción poética: “No se trata de un simple problema de poesía como comunicación, sino de un juego de relaciones visionarias que nos conducen a una especie de irracionalismo entre anegador y borroso. Yo creo que lo más importante en cualquier poesía es que no se pierdan las trazas y los materiales últimos del misterio” (1995:21).Para Albi la poesía como comunicación puede ser, y de hecho es, una opción ideológica, pero la indagación, entendida como método de aprehensión de la realidad circundante y de la propia realidad, es  casi una parte necesaria e intrínseca a la esencia poética. En él, un lenguaje claro y transparente deja paso a una realidad incógnita que como hombre trata de descubrir. Y en ese descubrimiento es donde encontramos una interpretación trascendente que partiendo de la realidad es vista como parte esencial del proceso creativo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                Bibliografía del autor

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_______(1977). Odisea 77. Valencia: Diputación Provincial,

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_______(1986). Ágatas para Ágata van Schoenhoven. Valencia: Ojuebuey.

_______(1991). Antología poética I. 1942-1980. Valencia: Poética 80.

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_______(1993). Antología poética II. 1982-1990.Valencia: Poética 80.

_______(1993). Ensayo sobre un parque en noviembre. Madrid: Adonais.

_______(1994). El temps ombrívol de les roses. Jávea: Ayuntamiento.

_______(1995).  Improvisaciones a cuatro manos. Valencia: Ayuntamiento.

_______(1997).  Poesia vora mar. Jávea: Ayuntamiento, 1997.

_______(1997). Góndolas y otras adivinaciones. Valencia: Poética 80.

_______(1998). Monólogo para una celebración. Contraluz. Valencia: Poética 80.

_______(1999). Desde un otoño inevitable: Adagio para una sinfonía inacabada.                                  Valencia: Poética 80.

_______(2000). El anticuario de los diez espejos. Valencia: Institució Alfons el                                     Magnànim. 

Bibliografía sobre el autor:

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ROMAGUERA, Miguel (1998). "Prólogo" a Monólogo para una celebración. Contraluz. Valencia: Poética 80, 1-15.

Información adicional

  • Universidad València
  • Investigador Xelo Candel Vila

Ángel González encontró en el diálogo con la tradición literaria la manera de unir el conocimiento de lo individual y la reflexión sobre lo colectivo, rompiendo así la barrera que separa lo íntimo de la Historia. En su singladura poética, varias fueron las calas estéticas que determinaron su posterior encauzamiento y no resulta tan sorprendente que los nombres de Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego, Rafael Alberti o Lorca, tuvieran un papel estimulante en los primeros años de formación. A ellos debemos sumar la asunción de una tradición poética de carácter más claramente referencial: Gabriel Celaya, Blas de Otero, José Hierro, Eugenio de Nora, César Vallejo y Pablo Neruda. Una lectura transversal de su poética dejará entrever los entresijos de una palabra integradora en la que bajo una poesía de signo realista subyacen sin estridencias las ascuas de otros crepúsculos menos reales y más ensoñados. González conjuga todos estos elementos para configurar una palabra diacrónica que integra los logros estéticos vanguardistas y esteticistas a la propuesta testimonial y realista. En mi opinión, la particularidad de Ángel González se debe a la certeza de haber sabido combinar ambos ejes en lugar de privilegiar uno de ellos, lo cual posibilitaría la configuración de un realismo dialéctico. Esta síntesis dialéctica es una de las grandes lecciones que aprendió de Antonio Machado. Su adecuación de la intimidad a la Historia y la respuesta objetiva ante la concepción romántica responden al parámetro creado por el poeta sevillano, como se encarga de destacar en el volumen que en 1986 dedicó a él.

            En una época en la que la poesía social todavía era una referencia inevitable, la aparición en 1956 de su primer libro, Áspero mundo, supuso un curioso punto de inflexión. El propio título del libro sirvió para que en no pocas ocasiones fuera interpretado,según las circunstancias acuciantes del momento, como un libro de poemas sociales sin más. Sin embargo, la relación de Ángel González con la poesía social era todavía muy tangencial y casi casual en este libro. Ese primer libro estaría pues más cerca del existencialismo, que revelaba un sentimiento de desolación debido, según el poeta, más a un fracaso colectivo que personal.Este mismo sentimiento de derrota colectiva fue el que obligaría en su segundo libro, Sin esperanza, con convencimiento (1961), a abordar el tema de manera deliberada, aunque sin repetir los esquemas trazados por los poetas sociales, esto es, renovándolo mediante la aportación de nuevos horizontes poéticos. A partir de su segundo libro es cuando el poeta, consciente de los límites a los que le conducía el conocimiento del yo, convierte el testimonio personal en testimonio histórico.

            Ángel González ha aludido a la necesidad de utilizar cuantos elementos retóricos fueran pertinentes para referirse a la realidad histórica del momento, sin tener que manejar para ello los manidos hilos de la exaltación patriótica. No hallamos en estos poemas exclamaciones agónicas ni retoricismos opulentos, no aparece una directa mención a la patria ni la queja se convierte en forzada aparatosidad verbal. Su verso fluye sereno, sin altibajos ni violencias sintácticas, pero tampoco renuncia al uso de estéticas en apariencia distintas a las del propio realismo, del que se siente deudor y protagonista. En Grado elemental (1961), el entorno social y político queda parodiado hasta los límites de la caricatura grotesca Hay en este libro, según el propio González, más intención crítica que testimonial. La hostilidad y el sinsentido que reina en el mundo bien podrían servir de exemplo ex contrario a la manera de los ejemplos medievales. La ironía en Ángel González modulaba una crítica en algunos casos mordaz y directa a la época de la dictadura atenuando unos resortes ya de por sí lo suficientemente obvios.

            El poeta defiende una poesía abierta a cuantos estímulos externos pudieran enriquecerla, incluyendo en ella tanto a la tradición literaria como a las diversas realidades que configuran su momento histórico. Ello no significaba ceder ante el poder del contenido, sino enriquecerlo mediante una palabra integradora y comprometida con la Historia. Este compromiso del artista era un acto de libertad y de alguna manera los poetas socialrealistas se encargaron de socializar lo público frente a lo privado. El breve volumen Palabra sobre palabra (1965) es una colección de poemas en los que el tema amoroso aparece ligado al poder creativo de la palabra poética. El libro centra su atención en la búsqueda de un tú que está relacionada con la indagación de la identidad del sujeto, con su análisis de la realidad y con su creatividad poética. El título de este libro será el que utilice cuando reúna paulatinamente su obra completa desde 1968 hasta la última edición de 1998.

            En Tratado de urbanismo (1967), la mirada del sujeto se traslada de lo crítico a lo contemplativo y uno de los puntos de intersección de estos poemas es la ciudad como escenario de lo cotidiano. No estamos ya ante una descripción idealizada de la ciudad. Lejos quedó la mirada baudelaireana y la interpretación que los vanguardistas hicieron de ella como centro de la deshumanización. La ciudad recupera su lugar como escenario de los sentimientos. No se trata de un itinerario por la geografía de las ciudades modernas, sino la recreación de una atmósfera, un ambiente, capaz de reconstruir la geografía de los sentimientos. Las ciudades postmodernas pierden así el aura deshumanizada que tuvieron las ciudades modernas. Este libro marca el final de una etapa poética y el poema “Preámbulo a un silencio,” con el que se cierra la primera parte del libro representa el preludio a la negación de la capacidad de la palabra poética.

Pero será a partir del libro con el que comienza su segunda etapa, Breves acotaciones para una biografía (1971), cuando la voz del poeta casi enmudezca dejando paso a un escepticismo que no deriva sino de la imposibilidad de cambiar la realidad. Es entonces cuando se pone en práctica una operación de reconocimiento hacia el recuerdo. Entre las características de esta segunda etapa se han destacado la presencia de múltiples perspectivas, la ironía, la intertextualidad y la especial atención al lenguaje que enlazaban de manera directa con los rasgos de la postmodernidad. Una lectura atenta nos descubrirá, por tanto, que ni siquiera en los poemas más comprometidos, aquellos en los que el referente social o político parece ser el eje central, Ángel González renuncia a la lección vanguardista. Es más, el acercamiento a la poesía de los maestros no se debe sólo a aspectos meramente creativos, también desde su papel como crítico le debemos el estudio dedicado, por ejemplo, a la poesía de Juan Ramón Jiménez, publicado en Madrid por la editorial Júcar en 1973, es decir, bastantes años después de superada la fiebre de la poesía social, o la antología que sobre la generación del 27 publicó tres años más tarde en la editorial Taurus.

            En los diversos poemas que componen Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan (1976), hallamos explícitas referencias a la construcción lírica. Ángel González expone claramente en este libro que la finalidad estética de su poesía está lejos de los gestos altisonantes y decorativos. Estos versos revelan su deseo de que las palabras, una vez comprobada la imposibilidad para cambiar el mundo, al menos sirvan, con el paso del tiempo, como testimonio suyo. El constante pesimismo está directamente relacionado y hasta diría que provocado de nuevo por el paso del tiempo. El tiempo ya pasado e irrecuperable, el tiempo de la niñez, el tiempo amargo de la guerra, el del presente, el del pasado y el del porvenir... Más que la palabra en el tiempo, hallamos en él que el tiempo se convierte en palabra, en materia poética.

            En Ángel González la preocupación metapoética surge de un conflicto generacional acerca de la función poética, entre privada y pública, ofreciéndonos textos que, lejos de ser relajadamente autocontemplativos, a menudo responden a la proyección social del yo individual. En este sentido, los poemas autorreferenciales de Ángel González responden a una intención ideológica. En Prosemas o menos (1983), hallamos algunos poemas que indirectamente constituyen una definición de la poética del autor a través de su particular homenaje a diversos autores y concepciones poéticas, como ocurre con los dedicados Juan Ramón Jiménez, Mallarmé, Blas de Otero o Jorge Guillén. La preocupación por la palabra poética en Ángel González responde así a un esquema de trazados plurales en el que el diálogo entre lo público y lo privado supera todas las limitaciones esencialistas otorgadas por una concepción sacralizada de la poesía.

            Los últimos libros del ovetense son Deixis en fantasma (1992), breve colección de poemas que rinden homenaje a Antonio Machado en los que queda de nuevo evidente esa unión entre la ficción y la realidad al identificar incluso la creación imaginaria, no con el terreno de la fantasía, sino con el de la memoria; Otoño y otras luces (2001), el último libro publicado en vida de poeta, en el que encontramos varias líneas de continuidad con sus temas de siempre, y el libro póstumo Nada grave (2008).              La creación de una palabra integradora cuestiona la alternativa deferencia por uno de los dos grandes polos del debate moderno y aboga por una palabra capaz de conciliar el yo y la Historia. La manera en la que Ángel González deslinda el tema y la forma en su poética sirve perfectamente para explicar la necesidad de que ambos ejes se apoyen, rompiendo la antigua paradoja entre lo privado y lo público y disolviendo así una oposición radical entre esteticismo y compromiso al creer en el carácter histórico de todos los discursos. La memoria individual resulta el eco de una voz colectiva, una voz plural que recupera la historia desde la perspectiva angular de un constructo ficcional, un sujeto ideologizado y mediatizado por sus propias sombras. En este lugar común a la voz colectiva y la individual, la poética de Ángel González debe su configuración a la ficcionalización del sujeto poético, al racionalismo del texto, al magisterio de Antonio Machado y a la desacralización de la palabra, a la reivindicación de las tesis de Langbaum y a la poesía de la experiencia, al tono coloquial y al tiempo a la sobriedad expresiva, a la consideración del texto como artificio y al diálogo con una Tradición escrita siempre en mayúsculas.  

           

Bibliografía

Libros de Ángel González

Poesía:

      Áspero mundo, Madrid, Adonais, 1956.

      Sin esperanza, con convencimiento, Barcelona, Literatursa, 1961.

      Grado elemental, París, Ruedo Ibérico, 1961.

      Palabra sobre palabra, Madrid, Poesía para todos, 1965.        

      Tratado de urbanismo, Barcelona, Col. El Bardo, 1967.

      Palabra sobre palabra (Opera omnia), Barcelona, Seix Barral, 1968, 1972,   1977,   1986, 1992, 1998.

      Breves acotaciones para una biografía, Las Palmas de Gran Canaria,             Inventarios      provisionales, 1971.

      Procedimientos narrativos, Santander, La Isla de los Ratones, 1972.

      Muestra de algunos procedimientos narrativos....., Madrid, Turner, 1976 y 2ª            edición corregida y aumentada, 1977.

      Prosemas o menos, Madrid, Hiperión, 1985.

      Deixis en fantasma, Madrid, Hiperión, 1992.

      Otoños y otras luces, Barcelona, Tusquets, 2001.

      Nada grave, Madrid, Visor, 2008, póstumo.

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Taibo, Paco Ignacio, “A todo amor: notas sobre la poesía amorosa de Ángel González y su nacimiento como poeta”, En homenaje a Ángel González: ensayos, entrevistas y poemas, (edición de Andrew P. Debicki y Sharon Keefe Ugalde), Bulder, University of Colorado, 1991.

VV.AA., Olvidos de Granada. Palabras para un tiempo de silencio. Poesía y novela de la generación del 50, Granada, Diputación Provincial, junio de 1986.

VV.AA., Encuentros con el 50. La voz poética de una generación, Oviedo, Fundación Municipal de Cultura, 1990.

VV.AA., Guía para un encuentro con Ángel González, Oviedo, Tribuna Ciudadana (tercera edición), 1997.

VV.AA., Ángel González en la generación del 50. Diálogo con los poetas de la experiencia, Oviedo, Tribuna Ciudadana, 1998.

VV.AA., Revista de estudios poéticos Prosemas, n. 1, extraordinario dedicado a Ángel González, Ediciones de la Universidad de Oviedo, 2014.

Información adicional

  • Universidad València
  • Investigador Xelo Candel Vila

  • +34 971 173 314 
  • Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El Grupo

“POÉTICAS DEL 50: PROYECCIONES Y DIVERSIFICACIONES”

En su fase actual, el grupo POESCO se encuentra trabajando en el estudio histórico y filológico de la poesía española publicada a lo largo del período histórico de la Transición a la democracia, un período tan breve como intenso de nuestras letras, en el que tiene lugar uno de los momentos más fecundos de la poesía española reciente por lo que toca a la convivencia de diversas tendencias poéticas, pero también porque coexisten en el panorama literario cuatro generaciones distintas.

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