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Juan Vicente Piqueras (Los Duques de Requena 1960 -)

Juan Vicente Piqueras es una de las voces más interesantes y originales del panorama poético contemporáneo español, considerado una fuente de inspiración por Luis Sepúlveda, reconocido su valor literario por numerosos críticos y literatos del calibre de Marco Lodoli, Tonino Guerra, José Hierro, Jesús Bregante y Carlos Edmundo de Ory y, ganador de numerosos premios internacionales, entre los cuales el prestigioso Premio Internacional Loewe 2012.

Nace el 17 de diciembre de 1960 en Los Duques de Requena, una pequeña aldea en provincia de Valencia, de una familia de agricultores. Tras licenciarse en Filología Hispánica en la Universidad de Valencia se dedica a distintos oficios en el ámbito de las letras: trabaja como locutor de radio, doblador, guionista, escritor de subtítulos. A los veinticinco años publica su primera obra Tentativas de un héroe derrotado (1985) y se traslada a Francia para dar clases de lengua española. En 1987 va a Roma donde se queda durante veinte años, sigue trabajando en el ámbito de la enseñanza y publica Castillos de Aquitania (1987), La palabra cuando (1991), ganador del Premio José Hierro, La latitud de los caballos (1999), por el que le otorgan el Premio Antonio Machado, Mele di mare (2003), La edad del agua (2004), Adverbios de lugar (2004), vencedor del Accésit del premio Ciudad de Melilla, Aldea (2006), merecedor del Premio de la Crítica valenciana y del premio del Festival Internacional de Medellín y Palmeras (2007). En 2007 se traslada a Atenas y sucesivamente a Argel donde trabaja en el Instituto Cervantes. Entre sus obras maestras publicadas en este período recordamos un libro bilingüe español-griego titulado Historia de la sed (2008), La hora de irse (2010), premiado Premio Jaén de poesía, Braci (2010), Yo que tú (2012), Atenas (2012), con el que gana el prestigioso Premio Internacional Loewe 2012,El cielo vacío (2013), La ola tatuada (2015), Padre (2016), obra escrita después del fallecimiento de su padre, Animales (2017) y, sucesivamente Narciso y ecos (2017). En 2017 sale una amplia antología en traducción italiana titulada Vigilia di restare (Multimedia Edizioni), cuidada y traducida por Raffaella Marzano, que confirma el papel de Juan Vicente Piqueras entre los poetas contemporáneos. Además de publicar sus obras, convencido de la importancia de la difusión y circulación de los productos culturales entre poblaciones, se encarga de la traducción de algunas composiciones poéticas suyas y de otros autores como Tonino Guerra (La miel, 1994; Poesía completa, 2011), Marco Lodoli (Ponte Milvio, 2001), Izet Sarajlic (Una calle para mi nombre, 2003), Ana Blandiana (Cosecha de ángeles, 2007), Kostas Vrachnos (El hambre del cocinero, 2008; Encima del subsuelo, 2014), Elisa Biagini (El huésped del bosque, 2010) yCesare Zavattini (Refugiarme en una palabra, 2016).

Actualmente vive en Lisboa donde trabaja como Jefe de Estudios del Instituto Cervantes y, desde el 2012, organiza cada año en Los Duque de Requenas un festival de poesía y vino titulado Velada de Vino y versos, en el que los mayores poetas contemporáneos tienen la posibilidad de entrar en contacto directo con sus lectores.

Para Juan Vicente Piqueras, los dos elementos dionisíacos se encuentran estrictamente enlazados, puesto que ambos se pueden considerar como medios de expresión de la condición humana. Los versos salen del alma del poeta, describen y al mismo tiempo construyen el mundo a su alrededor, permiten reflexionar y percibir los significados más íntimos que se esconden detrás del desorden de la cotidianidad. Juan Vicente Piqueras busca el conocimiento de la verdadera condición del hombre contemporáneo en la sencillez de los objetos, de las situaciones, de los personajes y de los paisajes que lo rodean cada día. Los tópicos del tempus fugit, de la vanitas, del collige virgo rosas, del carpe diem, la caducidad y fragilidad del ser imperfecto frente a la perfección divina, la muerte no solo del hombre sino también de sus valores y certezas se remarcan en La hora de irse. Por un lado, las imágenes del menú de un restaurante antiguo, del movimiento de las varillas de un abanico, de una sala de espera de un aeropuerto fomentan la reflexión sobre las distintas fases de la vida y la imposibilidad humana de huir del paso del tiempo y de la muerte; por otro, las imágenes de un mendigo marginado por la sociedad y de dos novios que hacen el amor en un campo de amapolas, indiferentes a los muertos allí enterrados, son expresión de la sociedad individualista contemporánea que ha perdido los valores fundacionales de la caridad, de la misericordia y de la piedad, en el rápido desarrollo hacia la tecnología, la globalización y la deshumanización. El desmoronamiento de la identidad del ser humano que se encuentra ensimismado y perdido en el mundo que lo rodea se expresa mediante dos metáforas reiteradas en sus libros: la de la sed y la de un desierto hostil, incierto, sin huellas que indiquen el camino. En la poesía como en la vida, para Piqueras, los paisajes y los lugares que él considera “dioses anteriores a los dioses” participan activamente en el proceso de desarrollo de la personalidad humana. Esa idea de búsqueda del ser en el viaje a través de distintos lugares se expresa claramente en Atenas: desde el primer poema “Víspera” hasta el último “Gracias”, mediante numerosas referencias históricas, geográficas, bíblicas y a los clásicos, el viaje se presenta como la posibilidad para el ser de evolucionar, de profundizar sus conocimientos y sus habilidades, de salir de su situación de inmovilidad física y mental. Dejar el viejo recorrido por el nuevo es el mayor éxito de quien ha ganado todos sus miedos, ha sobrevivido a la monotonía de la cotidianidad, se ha abandonado a la belleza de los colores, al asombro de los ruidos y a la intensidad de los perfumes de la naturaleza que lo rodea. Viajar significa ampliar las percepciones, los sentidos, coleccionar recuerdos que no suponen una vuelta atrás sino un progreso, recuperar la voz interior perdida en un mundo dominado por la apariencia y lo efímero, llegando a un conocimiento profundo de nosotros mismos, de nuestras calidades y defectos, de los monstruos que se esconden en lo recóndito del alma; retomando las palabras del poeta, el viaje evita que el hombre se quede “muriéndose de sed a orillas de la fuente”.

A través de un lenguaje aparentemente sencillo, aunque al mismo tiempo complicado por juegos de palabras, resonancias, figuras retóricas y referencias histórico-geográficas,en todas sus obras, Juan Vicente Piqueras atrae al lector como una fuerza magnética y lo lleva a identificarse con sus palabras. Retomando la teoría de la recepción, la poesía es un género eterno, fundamento de toda cultura, que requiere cierta reflexión meditativa y cooperación en los lectores para la construcción del significado de los versos; según el escritor un poema “no está acabado cuando uno lo ha escrito sino cuando alguien lo lee, le da su alma y su voz”. Juan Vicente Piqueras considera su destinatario un interlocutor curioso, sagaz, capaz de leer en silencio y al mismo tiempo en voz alta, es decir, de activar una guía personal interior que le permita reflexionar, buscar y obtener una interpretación del significado más profundo de los versos. Si por un lado la muchedumbre nublada por los grandes poderes que regulan la sociedad consumista contemporánea, la globalización y el individualismo, se aleja de la poesía, por otro hay quién necesita leer y escribir versos para comunicar, para pararse en un mundo que se desarrolla cada día más rápidamente, reflexionar sobre la condición del ser y recuperar su humanidad, su alma, su subjetividad. Juan Vicente Piqueras se dirige a ese tipo de lector en sus poemas, y en Padres, el poeta demuestra la importancia que tiene para él el diálogo con su receptor. En esa obra, el género poético no es solamente fuente de reflexión, sino también un acto comunicativo del estado anímico del poeta, el único medio para expresar un sentimiento tan grande como el amor entre un padre y su hijo. Retomando el tema de la muerte, Juan Vicente Piqueras se desnuda frente a su lector, lo interpela, pide su opinión buscando respuestas sobre el fallecimiento de su padre, crea un diálogo con su interlocutor en la dimensión del recuerdo retomando sus orígenes rurales ya introducidos en Aldea. Los cincuenta y ocho poemas de Padre representan pequeñas historias cotidianas, piezas de unrompecabezasque, unidas, proporcionan la imagen del vínculo afectivo que se establece entre un padre y un hijo. El poeta recuerda su infancia, los juegos juntos en el campo, los paseos, el viaje al extranjero y el abandono del hogar, la enfermedad del padre, la disolución de su memoria y la pérdida de la palabra, de sus hábitos, de una vida juntos. Son versos nostálgicos, de gran carga emotiva que, mediante imágenes rurales, expresan un sentimiento verdadero que sobrevive tras la muerte. Son poemas que nos recuerdan que la vida nos pone numerosas pruebas, nos ofrece placer y sufrimiento, y que hay que recuperar valores perdidos. Los versos en honor al padre rememoran un hombre auténtico, en simbiosis con la naturaleza, una persona que, aunque no tuvo la posibilidad de estudiar debido a la guerra, hablaba su lenguaje poético. Afirma Juan Vicente Piqueras: “la poesía está siempre presente, está en el lenguaje cotidiano”

Bibliografía

Libros de poesía de Juan Vicente Piqueras:

VICENTE PIQUERAS, Juan (1985). Tentativas de un héroe derrotado. España: Cuadernos Hispanoamericanos.

___________________ (1987). Castillos de Aquitania. Italia: Stella.

___________________ (1991). La palabra cuando. Madrid: Universidad Popular San Sebastián de los Reyes.

___________________ (1999). La latitud de los caballos. Madrid: Hiperión.

___________________ (2003). Mele di mare. Firenze: Le lettere.

___________________ (2004). La edad del agua. Lucena: Ayuntamiento de Lucerna.

___________________ (2004). Adverbios de lugar. Madrid: Visor.

___________________ (2006). Aldea. Madrid: Hiperión.

___________________ (2007). Palmeras. Málaga: Diputación provincial de Málaga.

___________________ (2008). Historia de la sed. Atenas: Instituto Cervantes.

___________________ (2010). La Hora de irse. Madrid: Hiperión.

___________________ (2010). Braci. Roma: Empiria.

___________________ (2012). Yo que tú: manual de gramática y poesía. Barcelona: Difusión.

___________________ (2012). Atenas. Madrid: Visor.

___________________ (2013). El cielo vacío. Medellín: Universidad EAFIT

___________________ (2015). La ola tatuada. Madrid: Ya lo dijo Casimiro Parker

___________________ (2016). Padre. Sevilla: Renacimiento.

___________________ (2017). Animales. Lucerna: El orden del mundo

___________________ (2017). Narciso y Ecos. Sevilla: Fundación José Manuel Lara

Antologías poéticas de Juan Vicente Piqueras:

___________________ (2017). Vigilia di restare, ed.y trad. de Raffaella Marzano. Salerno: Casa della poesia - col. Poesia come il pane.

Poemas de Juan Vicente Piqueras en revistas literarias:

___________________ (2004) “Sauces”, “Plegaria del descreído”, Ex Libris, 5, pp. 17-20.

___________________ (2007) “Mi océano pacífico”, Palimpsesto. Revista de creación, 22, pp.37-40.

Artículos sobre Juan Vicente Piqueras:

MISTROTIGO, Alessandro (20/03/2014) “Entrevista a Juan Vicente Piqueras” [entrevista], phonodia <http://phonodia.unive.it/wp-content/uploads/Juan-Vicente-Piqueras-entrevista-PHONODIA.pdf> (26/05/2018).

NEHUÉN, Tes (21/06/2013) “Acerca de Juan Vicente Piqueras”, [reseña], Poemas del alma <https://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/acerca-de-juan-vicente-piqueras> (26/05/2017)

PITTARELLO, Elide (2014) “La habitación vacía de Juan Vicente Piqueras: sentir, nombrar, suspender”, Tintas, quaderni di letterature iberiche e iberoamericane, 4, pp.15-29.

Información adicional

  • Universidad: Studi di Bergamo
  • Investigador: Ambra Cimardi
  • Publicación: Sábado, 29 Diciembre 2018

  • +34 971 173 314 
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