José Albi (1922-2010)

El poeta valenciano José Albi  ha quedado, por diversas razones, en los márgenes del canon generacional y no ha recibido la atención que tuvieron otros poetas de su momento. Albi optó siempre por arriesgarse en cada etapa con una propuesta personal, aunque eso le costara en múltiples ocasiones caminar de espaldas a los cánones generacionales. A finales de los cuarenta se encontraba sensibilizado por el deseo de hallar una poética que se ajustase a su medida.  Era además la época en la que se dedicó a realizar traducciones de algunos poetas surrealistas franceses y en la que incluso dirigió, junto a Joan Fuster, una de las revistas más importantes del panorama español, Verbo. Cuadernos Literarios, en la que se publicó una de las primeras antologías sobre el particular movimiento surrealista español que se escribieron por aquellas fechas en nuestro país: Antología del Surrealismo español (Verbo, n. 23-24-25, febrero de 1952). A este respecto, dirá José Albi que el Surrealismo en España no tuvo una figura capaz de representar una nueva orientación subversiva y su continuidad fue debida no tanto a un gran entusiasmo inicial como a su propia esencia, a su contenido y a su método. Y precisamente esa búsqueda es la que le llevó a una interpretación personal de las vertientes surrealistas llegando incluso la teorización de un nuevo movimiento estético bautizado como Introvertismo, nombre que alude a una interpretación subjetiva e intimista del sujeto poético con respecto a la realidad. El Introvertismo partiría, por tanto, de las ideas sustanciales que había integrado el movimiento surrealista aunque pronto fue desligándose de este y configurándose más bien como una nueva reacción estética. Pero ante todo, el Introvertismo era otra nueva manera de entender el acto poético. El primer manifiesto sobre el movimiento lo hallamos en el n.15 de Verbo, correspondiente a marzo-abril de 1949, y está firmado por José Albi, Jaime Vila, Pedro Biosca, R. Escudero y J. Gil Sola.

En 1955, seis años más tarde de esta tentativa, José Albi inicia con el libro Vida de un hombre un cambio radical y definitivo en el camino de maduración de su  concepción poética. Aparece un sujeto poético unitario en primera persona marcando subjetivamente el discurso frente a la aparente objetividad  de los poemas anteriores. Esta línea se irá consolidando en la concepción de la poesía como manifestación experiencial, en la dirección adoptada por otros poetas de los años cincuenta que aprendieron de algunos poetas ingleses la relevancia que podría tener para su poesía el monólogo dramático. A través de la memoria, otro de los puntos en común con los poetas de la generación canónica del 50, este sujeto rememora, en este caso mediante una función evocativa, el escenario poético. Con este libro José Albi se sitúa en la vertiente intimista y rehumanizadora de la poesía, desde el discurso concreto de un hombre, en este caso un profesor que frente al aula vacía al acabar las clases rememora los días pasados en ella en un tono completamente narrativo. Pero este libro tantea además la posibilidad de romper el silencio al que están sujetos los hombres y de lanzar un grito a favor de la libertad perdida:“Yo reclamo el prodigio. Mi palabra es un grito lanzado contra todos/los hombres que enmudecen,/contra todos los hombres que se mueren agarrados al suelo” (poema 3).

En 1960 publica en Bilbao el libro Bajo palabra de amor, en cuyo título resultan obvias las referencias a Pido la paz y la palabra de Blas de Otero y a Libertad bajo palabra de Octavio Paz. Con este libro, José Albi enlaza directamente con la poesía social y con los rasgos que la caracterizaban como la narratividad, la descripción y la invocación a las preocupaciones sociales. Pero no veo en Albi una proyección política de fondo, ni un realismo comprometido o testimonial. Y precisamente en este punto es donde radica su particularidad poética, en rescatar la postura rehumanizada de la poesía adaptando la narratividad que también usaron los poetas sociales pero subjetivándola, es decir, dándole una perspectiva revitalizadora a esta poesía. En la poética de Albi encuentro, eso sí, un rasgo que fue relevante en los poetas realistas de los cincuenta, la mirada irónica ante la realidad, que en muchas ocasiones llega a un escepticismo declarado para poder cambiar determinada situación confliva. Los poemas recogidos en las “Cinco versiones rápidas de España” que se dan en el libro son en realidad una herida abierta hacia la libertad sin llegar al compromiso social y político: “Me nombro en libertad y en esperanza. En soledad/terrible”; una visión dolorida de España: “Llámese muerte/nuestra España crecida aquí en el pecho. Crecida y torturada”. Para ello el poeta utiliza un ritmo rápido consistente en la reiteración, el paralelismo y una tonalidad tensa, repleta de términos que en ocasiones recrean un tono desgarrador cercano al hernandiano: “Tengo mi furia de acorralado toro. No me basta./Tengo la muerte, como un cuchillo al borde de mi sombra./Un gesto tengo en pie, puesto en combate. Nada es nada.” El suyo es un grito que no desemboca en combate sino en rabia, en silencio, en desencanto: “Esa espada de paz que va cortando, cortando a tajos,/vivos, tajos hondos,/huracanes de paz en las gargantas”.

En las Elegías mediterráneas, fechado en 1959, se mantenía la misma tónica pero generalizando su temática y abriendo paso a la esperanza a través de la filosofía del amor, tema que encajaba perfectamente aunque a destiempo con los poetas de nuestra primera posguerra como Luis Rosales, Leopoldo Panero, Otero o Hierro. En Albi hallamos su personal intento de devolver a la poesía su vertiente humana: “pondré las manos donde están las vuestras,/ y el amor, donde empieza nuestro olvido” (poema 2). El escenario de estas elegías es siempre un lugar complejo e indeterminado y el personaje introducido en él aparece confuso, un hombre que llega y se aleja dejando tras él tan sólo su sombra. Por ello, el sujeto presentado en el poemario se identifica, por su inestabilidad, con el mar, “es una lucha a muerte”, ambos se reconocen en una inmensidad que comienza y no se sabe cuándo acaba, ambos coinciden en la lucha: “El hombre es esta sorda tormenta sin salida” (poema 20). Aunque al final, una vez más, el sujeto poético seguirá apostando por el amor como la única tabla de esperanza posible: “casi sin voz sigo diciendo:/siempre esperanza, siempre amor” (poema 31). Se inaugura ademas en Elegías mediterráneas un rasgo que va a presidir la poesía de José Albi en los libros posteriores.  Me refiero al hecho de poner en relación mediante una ruptura de expectativa una acción u objeto cotidiano con un pensamiento absoluto o trascendental. Pero será en Bosque en llama viva, poemario escrito entre 1961 y 1962, donde este tipo de retórica, consistente en mantener una relación impresionista entre términos tan divergentes entre sí, comience a aparecer con mayor frecuencia. Así, por ejemplo, en el poema ”Primera predicción”, las sillas “tienen  como un gesto de asombro y esperanza” y el propio destino es visto “como una silla más que nos sobrara”. En el poema “Soneto de arte menor para Juan de Juni” el tono aparentemente jocoso resulta en realidad patético y en el último verso se resume no sólo el sentido de todo el soneto sino el escepticismo que se respira en el resto del libro: "la vida es un triste juego". Temas como la adversidad, la soledad, el dolor o la muerte invaden cada rincón de una vida en la que el amor parece ser el único refugio posible, la única salida válida ante la imposibilidad de cambiar el mundo mediante un grito de liberación. Son poemas de apelación a un “tú” o a un “vosotros” que continúan la línea ya iniciada en Vida de un hombre de considerar la poesía abierta a la  comunicación. En el poema “Agonía” se apela al "Dios inaudito" desde una alusión directa y dramática: "Dios que solloza,/ no sólo en carne viva, sino en piedra./Dios atado al dolor como a una argolla". Pero la agonía presentada en este poema de José Albi quizás se acerque más concretamente a la poesía angustiada y desarraigada de Blas de Otero, puesto que es una agonía en frecuente diálogo dramático con Dios, una agonía invocativa que también podríamos hallar en el Unamuno más desolador, en los salmos bíblicos, en Quevedo o en San Juan de la Cruz. Este poema destaca por la tensión dramática y por la riqueza expresiva, conseguidas mediante un ritmo rápido, casi extenuante: "me desgajas la luz, me la cercenas,/ me cercas el aliento, me lo cortas,/ me lo das, me lo niegas, me lo mueres". Y también se consigue mediante ese tono atormentado que encontramos asimismo en Otero provocado en parte porque el Dios invocado no da respuesta alguna ante sus suplicas: "Todo termina aquí. Busco en los astros/ la escondida palabra que responda,/ que explique tu agonía. Mi agonía/tiene a veces, oh Dios, tu misma forma".

En Guadalest, Amor (1969) observamos que los elementos cotidianos son los que dan pie en la poesía de Albi a las reflexiones más trascendentales: "¿Es que el amor termina,/ el cielo pasa, los cántaros / se vacían, las hoces se arrinconan, se oxidan?/ ¿Es que el destino es nada?" (poema 3). Con este libro vuelve a la poesía de comunicación directa que se inició en Vida de un hombre, vuelve a la poesía entendida como palpitación de la realidad, como el lugar donde habitan los hombres. Y precisamente por ello entiende que la poesía, como la vida, no debe ponerse límites. Creo que  José Albi, y este punto es quizás el más actual de su poética, no participó de manera regular en la polémica que cronológicamente le toco vivir entre poesía como comunicación o como conocimiento puesto que podría participar de ambas maneras de entender la poesía. De hecho, en su poesía parte de una para llegar a la otra porque entiende la realidad como el espacio por el que se mueve el hombre y, por ello, no concibe más que el lado humano de las cosas. La realidad, desde esta perspectiva que presentan sus poemas, no es vista como un espacio conflictivo ante el cual el sujeto poético debe actuar haciéndose eco de una protesta, sino que es de nuevo una realidad trascendida.

           

             Durante los años setenta Albi no sólo rechazó el clamor rupturista del discurso  novísimo sino que además siguió apostando por una concepción humanizada y realista de la poesía. En 1973 publica  Picasso azul, donde nos presenta una serie de personajes marginales a los que se acerca desde la ternura, no los ve desde una postura crítica sino desde el punto de vista más humano y caritativo. En otros libros se aleja también del experimentalismo típico de esos años. Así, por ejemplo, en Odisea 77 (1977) retorna al tema del Mediterráneo que había ya recogido en Elegías mediterráneas pero dándole al mar una significación mitológica al rememorar la odisea de Ulises en Troya. Dos años más tarde, publica Elegía Atlántica (1979) en el que de nuevo el mar aparece esta vez como confidente del sujeto lírico que busca en él al amigo muerto. Quizás la única tentativa de ensayar la tónica experimental durante estos años sea el conjunto Epitafio por un trozo oxidado de felicidad, fechado en 1972 aunque no publicado hasta que se reúna toda su poesía en dos volúmenes antológicos en los años noventa. Sus otros poemarios fechados igualmente en esta década de los setenta, Desconcierto para trombón y flauta o Códices góticos desde Albarracín, ambos inéditos hasta que se reúna su obra en los años noventa, vuelven de nuevo a lo cotidiano, lejos de rupturas y formalismos estéticos. Ni siquiera las páginas venecianas que José Albi incorporó a su libro Góndolas y otras adivinaciones (1997), escrito en los años setenta,  poco o nada tienen que ver con el decadentismo esteticista y aristocratizante del que hicieron gala los poetas “venecianistas”. Una vez más Albi opta por una vía personal, la ensoñación:  “Ciudad puesta al revés, como un gran sueño”. Se trata de una realidad vista a través del prisma romántico. De los años ochenta son Doménikos, Ego (1984), cuyos poemas son interpretaciones libres sobre pinturas de El Greco, y Ágatas para Ágata van Schoenhoven (1986). Durante la década siguiente dos volúmenes antológicos recogen, en 1991 y 1993 respectivamente, la mayor parte de la trayectoria de Albi en verso desde sus inicios en los años cuarenta hasta 1990, en muchos casos hasta ese momento inéditos. A ellos seguirán Ensayo sobre un parque en noviembre (1993), poemario con el que obtuvo el Premio de la Crítica Valenciana en 1994,  Improvisaciones a cuatro manos (1995) Góndolas y otras adivinaciones (1997), Monólogo para una celebración. Contraluz (1998), Desde un otoño inevitable: Adagio para una sinfonía inacabada (1999) y El anticuario de los diez espejos (2000). 

En la nota que el poeta escribió para su libro Improvisaciones a cuatro manos  encontramos una de las claves más importantes de su concepción poética: “No se trata de un simple problema de poesía como comunicación, sino de un juego de relaciones visionarias que nos conducen a una especie de irracionalismo entre anegador y borroso. Yo creo que lo más importante en cualquier poesía es que no se pierdan las trazas y los materiales últimos del misterio” (1995:21).Para Albi la poesía como comunicación puede ser, y de hecho es, una opción ideológica, pero la indagación, entendida como método de aprehensión de la realidad circundante y de la propia realidad, es  casi una parte necesaria e intrínseca a la esencia poética. En él, un lenguaje claro y transparente deja paso a una realidad incógnita que como hombre trata de descubrir. Y en ese descubrimiento es donde encontramos una interpretación trascendente que partiendo de la realidad es vista como parte esencial del proceso creativo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                Bibliografía del autor

Albi, José (1946-1963). Revista Verbo. Alicante: ediciones Verbo, 1-33.

_______(1948). Elegía al hombre europeo. Alicante: Ed. Verbo.

_______(1958). Vida de un hombre. Valencia: Diputación Provincial.

_______(1960). Bajo palabra de amor. Bilbao: Comunicación Poética.

_______(1962). Elegías apasionadas. Palencia: Ed. Rocamador.

_______(1963). Piedra viva. Zaragoza: Col. Poemas.

_______(1969). Guadalest, amor. Ávila: Diputación Provincial.

_______(1973). Picasso azul. Madrid: Ed. Cultura Hispánica.

_______(1977). Odisea 77. Valencia: Diputación Provincial,

_______(1979). Elegía Atlántica. Santander: Ed. Sur.

_______(1984).  Doménikos, Ego. Melilla: Rusadir, 1984.

_______(1986). Ágatas para Ágata van Schoenhoven. Valencia: Ojuebuey.

_______(1991). Antología poética I. 1942-1980. Valencia: Poética 80.

_______(1992). Jávea o el gozo. Xàbia: Antoni Espinós.

_______(1993). Antología poética II. 1982-1990.Valencia: Poética 80.

_______(1993). Ensayo sobre un parque en noviembre. Madrid: Adonais.

_______(1994). El temps ombrívol de les roses. Jávea: Ayuntamiento.

_______(1995).  Improvisaciones a cuatro manos. Valencia: Ayuntamiento.

_______(1997).  Poesia vora mar. Jávea: Ayuntamiento, 1997.

_______(1997). Góndolas y otras adivinaciones. Valencia: Poética 80.

_______(1998). Monólogo para una celebración. Contraluz. Valencia: Poética 80.

_______(1999). Desde un otoño inevitable: Adagio para una sinfonía inacabada.                                  Valencia: Poética 80.

_______(2000). El anticuario de los diez espejos. Valencia: Institució Alfons el                                     Magnànim. 

Bibliografía sobre el autor:

Candel Vila, Xelo (2013).  «José Albi y María Beneyto: dos voces para la poesía de los cincuenta», Actas Congreso Internacional de Literatura española contemporánea. Coruña: Servicio de Publicaciones de la Universidades da Coruña, 41-59.

_________(1996). "Constantes líricas en la poesía de José Albi". Madrid: CHA, 555, 140-146.

________(1993). "Introducción" a Antología poética de José Albi. Valencia: Poética 80, 1-43.

DE LA PEÑA, Pedro J. (1995). Improvisaciones a cuatro manos. Valencia: Ayuntamiento, 10-19.

HURTTING, Elisabeth (1997). "Introducción" a Góndolas y otras adivinaciones. Valencia: Poética 80, 1-7-32.

ROMAGUERA, Miguel (1998). "Prólogo" a Monólogo para una celebración. Contraluz. Valencia: Poética 80, 1-15.

Información adicional

  • Universidad: València
  • Investigador: Xelo Candel Vila

  • +34 971 173 314 
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